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Quintela ante el laberinto del gabinete: entre la presión familiar y la amenaza de una ruptura histórica

El gobernador demora los cambios de nombres mientras su círculo íntimo y amigos del poder resisten el desplazamiento de sus cargos. Sin control sobre la interna doméstica y con la guardia vieja del PJ en pie de guerra, el mandatario enfrenta el riesgo de perder la conducción de un peronismo que gobierna de forma ininterrumpida desde hace cuatro décadas.


Ricardo Quintela se encuentra frente a un callejón sin salida que amenaza con dinamitar la estructura de poder que sostiene a La Rioja desde 1983. Aunque el discurso oficial intenta instalar una renovación basada en la «gestión», la realidad en los pasillos de la Casa de las Tejas muestra una parálisis total: el gobernador no logra que sus propios familiares y amigos de toda la vida acepten dejar las sillas ministeriales.

La resistencia interna no es solo política, es personal. En la mesa chica del quintelismo, la presión de los afectos directos y de los socios históricos bloquea cualquier intento de oxigenación. «Todos consideran que tienen el derecho de seguir», aseguran fuentes que transitan el palacio de gobierno. Esta incapacidad para ordenar la propia «tropa de sangre» deja al descubierto una crisis de autoridad que el peronismo riojano no experimentaba desde hace años.

El peligro de jubilar a la «Guardia Vieja»

La idea de sumar intendentes para proyectar el 2027 suena lógica en los papeles, pero en la práctica funciona como un detonador. La posibilidad de dejar afuera a dirigentes históricos para dar paso a caras nuevas podría provocar un tsunami interno. Estos sectores, que garantizan la gobernabilidad territorial, no están dispuestos a ser el «pato de la boda» de una renovación que, a su criterio, solo busca salvar la imagen de un gobernador desgastado por la pelea nacional.

  • Pérdida de conducción: La demora en los cambios evidencia que Quintela ya no ejerce el mando vertical que caracterizó al PJ local.
  • La interna familiar: Los cargos estratégicos ocupados por parientes se convirtieron en un búnker inexpugnable, limitando el margen de maniobra del mandatario para negociar con otros sectores.
  • Riesgo legislativo: Una ruptura con los históricos podría complicar la aprobación de leyes clave en un año donde la provincia necesita cohesión total frente al ajuste nacional.

Un esquema de supervivencia con sueldos de miseria

Mientras la política se enreda en el reparto de cargos, la realidad económica de los trabajadores no da tregua. La Rioja administra 100 millones de dólares mensuales, pero mantiene salarios promedio de 350 dólares para los estatales y apenas 150 dólares para los 30.000 precarizados que el propio modelo generó.

Para sostener este esquema de baja intensidad salarial, el gobierno provincial recurrió a herramientas de emergencia como el Chacho, que ya circuló en los comercios locales. Sin embargo, el sector privado no logra despegar: la construcción perdió miles de empleos y el consumo minorista sigue en caída libre. En este escenario, la «gestión» que Quintela pide a sus ministros parece una misión imposible si no hay recursos para volcar a la calle.

El dilema del 2027

El gobernador busca figuras para la sucesión, pero el «poroteo» de los últimos comicios —donde el oficialismo ganó por apenas 882 votos— dejó una herida abierta. El avance de la oposición nacional obliga a un cierre de filas que Quintela hoy no puede garantizar. Si no logra ordenar su interna familiar y convencer a sus amigos de que el ciclo necesita caras nuevas, el peronismo riojano llegará a las próximas elecciones atomizado y con la conducción bajo cuestionamiento.

Quintela pregona una alternativa nacional a Milei, pero hoy tiene el frente interno incendiado. Sin la capacidad de ordenar su propia casa, el camino hacia el 2027 se vuelve un terreno minado para un oficialismo que, por primera vez en 40 años, siente que el poder se le puede escurrir entre las manos.


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