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«Mi vice será un peronista»: la definición de Victoria Villarruel que sacude la interna oficialista

En una visita que combinó gestión institucional con un fuerte despliegue político, la vicepresidenta mantuvo encuentros clave con el gabinete de Ricardo Quintela. Definiciones sobre su ambición presidencial y el factor de un esquema de poder transversal.


La presencia de Victoria Villarruel en La Rioja, en el marco de las festividades de la Chaya, trascendió el protocolo de una visita oficial. Mientras el presidente Javier Milei mantiene una distancia marcada con los gobernadores y evita los escenarios tradicionales del interior, su compañera de fórmula desplegó una agenda propia que incluyó diálogos de «alto voltaje» con la cúpula del poder riojano.

En un encuentro que congregó al secretario general de la Gobernación, Ricardo Herrera, al ministro de Vivienda, Ariel Puy Soria, y al asesor político Fabián de la Fuente, la vicepresidenta se sumergió en una realidad que el Gobierno nacional suele observar con rigor técnico: la crisis habitacional y el impacto de la desregulación económica en las provincias.

El eje de la gestión: alquileres y el freno a la inversión

Fuentes oficiales que participaron del cónclave confirmaron que el intercambio no ahorró matices críticos sobre la situación social. El ministro Puy Soria planteó la delicada situación que atraviesan las familias riojanas ante la escasez de inversión —tanto pública como privada—, un escenario que se percibe agravado tras la derogación de la Ley de Alquileres.

Villarruel escuchó de primera mano la demanda de un distrito que, como tantos otros, siente el impacto directo del freno a la obra pública nacional. Sin embargo, el foco de la reunión giró rápidamente de la administración de la crisis a las ambiciones de poder.

Una definición tajante que desafía el statu quo

El momento de mayor impacto político ocurrió cuando la conversación abandonó el tono administrativo. Ante la consulta directa sobre sus aspiraciones personales y la posibilidad de suceder a Milei en el sillón de Rivadavia, Villarruel fue categórica: «Voy a ser candidata a presidenta de los argentinos y mi vicepresidente será un peronista».

La definición impacta en el corazón de la alianza oficialista por dos razones fundamentales:

  1. Autonomía política: Ratifica que Villarruel construye un proyecto con identidad propia, diferenciado del esquema rígido que emana de la Quinta de Olivos.
  2. Transversalidad: La mención a un compañero de fórmula de extracción peronista sugiere un intento de reconstruir puentes con el PJ territorial, en un claro contraste con la retórica de la «casta» que sostiene el Presidente.

El silencio de Milei y la huella de Villarruel

Durante las conversaciones también sobrevolaron nombres que definen el mapa del poder actual: Cristina Kirchner, Patricia Bullrich y el propio Javier Milei. La ausencia del primer mandatario en la Chaya —un evento central para la cultura y la política del NOA— resaltó aún más el protagonismo de la vicepresidenta.

Villarruel parece estar trazando una huella distinta en el territorio. Mientras el Ejecutivo se enfoca en el ajuste fiscal y la batalla cultural en redes sociales, ella apuesta por el diálogo cara a cara con el peronismo de las provincias. En La Rioja, esa estrategia encontró terreno fértil.

¿Es este el inicio de una liga de dirigentes peronistas que miran con buenos ojos la institucionalidad de la vicepresidenta? Por ahora, los contactos en la tierra del federalismo indican que Villarruel no solo está presente, sino que ya comenzó a jugar su propio partido hacia el futuro.


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