EDELAR acumuló una deuda millonaria con la administradora del mercado eléctrico mayorista por cobrar tarifas por debajo del costo real del servicio. A fines de 2025 cerró un convenio que incluye quita de intereses y un período de gracia de seis meses. Sin ese acuerdo, el suministro eléctrico de toda la provincia podía quedar comprometido.
La empresa que distribuye electricidad en La Rioja estuvo más cerca del colapso de lo que trascendió públicamente. EDELAR acumuló durante años una deuda con CAMMESA —la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico, que regula el sistema interconectado nacional— generada por un desfasaje estructural que las autoridades provinciales eligieron sostener deliberadamente: cobrar a los usuarios tarifas más bajas que el costo real del servicio. La consecuencia fue una deuda que creció hasta el punto en que CAMMESA inició acciones judiciales y llegó a embargar cuentas de la distribuidora. A fines de 2025, un acuerdo de refinanciación frenó el proceso. Por poco.
«Hoy EDELAR está nivelada, al día con sus compromisos corrientes, lo que garantiza previsibilidad para el sistema eléctrico en La Rioja», dijo Ricardo Ruarte, abogado y apoderado de la empresa, en diálogo con Riojavirtual Radio. La frase suena tranquilizadora. Lo que revela el contexto que la precede es menos tranquilizador.
El mecanismo que genera deuda por diseño
El problema de fondo no es una gestión deficiente ni un gasto descontrolado. Es estructural. EDELAR compra la energía al sistema interconectado nacional a precio de mercado y la vende a los usuarios riojanos a tarifas que, por decisión política, se mantienen por debajo de ese costo. La brecha entre lo que se paga y lo que se cobra se convierte en deuda. Mes a mes. Año a año.
«La empresa paga la energía al sistema interconectado nacional y, por decisiones orientadas a sostener tarifas accesibles, se termina cobrando menos de lo que cuesta el servicio», explicó Ruarte. Es, en esencia, un subsidio implícito que no figura como tal en el presupuesto provincial pero que se acumula como pasivo en el balance de la distribuidora.
Este modelo no es exclusivo de La Rioja. Es el mismo mecanismo que durante años generó tensiones entre distribuidoras del interior del país y CAMMESA en distintas provincias, especialmente en aquellas con menor capacidad fiscal para compensar la diferencia mediante transferencias directas.
Embargos, juicio y un acuerdo que llegó a último momento
La deuda acumulada por EDELAR derivó en un proceso judicial iniciado por CAMMESA que escaló hasta medidas concretas: embargos de cuentas de la empresa. Para una distribuidora que opera un servicio esencial, ese tipo de medidas no son solo un problema financiero: amenazan directamente la capacidad operativa y, en el límite, el suministro de electricidad a toda la provincia.
El acuerdo cerrado a fines de 2025 frenó ese proceso. El convenio incluyó quita de intereses —un punto que Ruarte calificó como parte de las condiciones «muy favorables» obtenidas— y un esquema de pagos más accesible que le permite a EDELAR cumplir con sus obligaciones sin comprometer la operatoria cotidiana. También contempla un período de gracia de seis meses, que le da aire a la empresa para estabilizar su situación antes de comenzar a cancelar el capital refinanciado.
«El convenio permitió frenar el juicio y evitar consecuencias más graves. Hoy la empresa está en una situación equilibrada, pagando regularmente el consumo mensual», aseguró el apoderado.
El fantasma del concurso preventivo
Ruarte fue explícito sobre cuál era el escenario alternativo si el acuerdo no se hubiera concretado. Entre las posibilidades que se mencionaron como riesgos reales estaba la necesidad de avanzar en un concurso preventivo, el mecanismo legal que utilizan las empresas cuando no pueden hacer frente a sus obligaciones y necesitan reestructurar sus deudas bajo supervisión judicial. Para una empresa que presta un servicio público esencial en una provincia, ese camino implicaría incertidumbre, restricciones operativas y, en el peor de los casos, la interrupción del suministro.
Ese escenario quedó, al menos por ahora, descartado. Pero el acuerdo con CAMMESA no resuelve el problema de fondo: mientras La Rioja mantenga tarifas eléctricas por debajo del costo real del servicio sin un mecanismo de compensación transparente, la deuda volverá a crecer. La refinanciación compró tiempo. No cambió la ecuación.
Un problema provincial con implicancias nacionales
El caso de EDELAR ilustra una tensión que el proceso de desregulación y actualización tarifaria impulsado por el gobierno de Javier Milei volvió a poner sobre la mesa en todo el país: qué pasa con las distribuidoras provinciales que operaron durante años con tarifas subsidiadas y que ahora deben compatibilizar esa herencia con un mercado eléctrico que exige precios que reflejen costos reales.
En ese contexto, el acuerdo con CAMMESA no es solo una noticia financiera local. Es un indicador de la fragilidad con la que operan varios sistemas eléctricos provinciales del interior argentino, donde la energía barata fue durante décadas una política de Estado que alguien, en algún momento, tiene que pagar.
La distribuidora eléctrica de La Rioja estaba al borde del concurso preventivo: cómo evitó el colapso con un acuerdo de refinanciación con CAMMESA


































