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La Rioja 2027: el peronismo se desangra por dentro mientras los Menem cercan la provincia desde afuera

Un ministro que almuerza con el ex gobernador a espaldas de su jefe político, dirigentes que se reúnen en fincas del interior, ex diputados que tocan el timbre de Beder Herrera y un yerno que se autoinstala como candidato sin pedirle permiso a nadie. El justicialismo riojano navega sin brújula hacia la elección más difícil de su historia democrática, mientras Martín Menem lidera las encuestas y Alfredo Menem ya se mueve en Buenos Aires con perfil propio. La provincia que el PJ gobierna desde 1983 nunca estuvo tan cerca de cambiar de manos.


Hay momentos en la política en que los síntomas se acumulan tan rápido que el diagnóstico se vuelve inevitable. La Rioja atraviesa uno de esos momentos. Lo que hace apenas unos meses era un malestar difuso dentro del justicialismo provincial se transformó en pocas semanas en una secuencia de señales que, vistas en conjunto, configuran el cuadro político más complejo que el peronismo riojano haya enfrentado desde el retorno de la democracia.

El primer ladrillo que cayó

Fue Ariel Puy Soria quien abrió el juego. El ministro de Vivienda del gobierno de Ricardo Quintela invitó a Luis Beder Herrera a comer a su casa particular en la calle Cepeda de la capital riojana. No fue un cruce casual ni un gesto protocolario. Fue una definición: un funcionario del gabinete buscó deliberadamente al ex gobernador por fuera de la cadena de mando, dejando de lado a la vicegobernadora Teresita Madera y a la senadora nacional Florencia López, las dos figuras que Quintela tiene como pilares de su arquitectura política. El mensaje que ese almuerzo envió al interior del peronismo riojano fue nítido: hay quienes en el propio gobierno ya piensan en el día después sin consultar al gobernador.

La tropa que busca conducción

El movimiento de Puy Soria no fue un episodio aislado sino el primero de una serie. La dirigencia de Chilecito —segundo distrito electoral de la provincia y termómetro del peronismo del interior— se reunió con Beder Herrera en la Finca La Seis, en Anguiñán. Luego llegaron los ex diputados provinciales, que visitaron al ex gobernador cargando la misma preocupación: un peronismo sin conducción real y un gobierno que los propios justicialistas describen, en voz baja pero con creciente insistencia, como un desgobierno.

Beder Herrera no convocó a nadie. Recibió. Pero en la política riojana, cuando el histórico referente del PJ abre la puerta y escucha, el gesto tiene un peso que ninguna declaración pública podría igualar.

Las cuentas que no cierran

El trasfondo de toda esta reconfiguración interna tiene nombre y apellido fiscal. La Rioja está virtualmente fundida. Una deuda con proveedores que ronda los 15 mil millones de pesos sin horizonte de cancelación, juicios activos ante tribunales de Estados Unidos por el default de los bonos provinciales —un frente donde el poder político local no tiene capacidad de maniobra— y una dependencia estructural de los fondos de coparticipación federal que convierte cada decisión de Nación en una amenaza potencial para los salarios y los servicios provinciales.

Quintela apostó a que el malestar social se descargaría sobre el ajuste de Milei y que esa energía volvería como oxígeno político para el peronismo provincial. El cálculo no funcionó. El descontento no eligió un solo destinatario y golpeó a Milei y a Quintela con la misma fuerza. El gobernador leyó mal el humor social y pagó un costo que todavía no terminó de procesar.

Los números que no mienten

La última encuesta circuló como un electroshock en el mundo político riojano: casi el 50 por ciento de los consultados declaró que votaría a Martín Menem como gobernador. El presidente de la Cámara de Diputados de la Nación tiene hoy en La Rioja los números que ningún candidato peronista puede exhibir, y cada semana que pasa sin que el PJ defina una estrategia creíble es una semana que La Libertad Avanza consolida su ventaja.

Lo que agrava el cuadro es la extensión territorial del problema. El peronismo no solo está en riesgo en la Capital y en Chilecito sino que la erosión alcanza departamentos que históricamente fueron refugios seguros del justicialismo. Y ninguno de los atajos electorales clásicos parece ofrecer salida: la ley de lemas no alcanzaría para revertir los números actuales, y adelantar los comicios provinciales tampoco resuelve nada cuando el problema es la imagen del propio gobierno.

El apellido que lo complica todo

Por si el cuadro no fuera suficientemente complejo, la política riojana reservó un capítulo adicional que ningún guionista hubiera imaginado. El analista político Ramón Indart reveló en el streaming TodoEnOff que Alfredo Menem —yerno de Quintela, ministro de Desarrollo Social provincial y conocido en las redes como @turcomenem— se auto instala en Buenos Aires con perfil candidateable propio, orientado hacia la gobernación de 2027.

El escenario que eso abre es de una potencia simbólica que trasciende lo local: Martín Menem por La Libertad Avanza contra Alfredo Menem por el peronismo. El mismo apellido en dos boletas de colores opuestos disputando el gobierno de la provincia que ese apellido marcó a fuego durante décadas. Y para Quintela, la paradoja adicional de tener a su propio yerno moviéndose con autonomía por fuera del esquema sucesorio que él mismo intentó diseñar alrededor de la diputada nacional Gabriela Pedrali.

El momento más difícil desde 1983

El peronismo riojano gobierna la provincia sin interrupción desde el retorno de la democracia. Cuatro décadas de hegemonía que funcionaron como fuente de orgullo, de financiamiento político y de certeza electoral. Hoy esa certeza se evaporó y en su lugar quedó una pregunta que hasta hace poco nadie en el justicialismo provincial se hubiera atrevido a formular en voz alta: ¿y si perdemos?

La respuesta, por ahora, no la tiene nadie. Ni Quintela, que consume energía en una confrontación con el gobierno nacional que no le mejora los números internos. Ni el PJ, que busca candidato y estrategia sin encontrar ni uno ni la otra. Ni Beder Herrera, que recibe visitas y contiene la tropa pero todavía no mostró de qué manera puede traducir ese rol en una alternativa electoral concreta.

Lo que sí está claro es que el tiempo se acorta. Y que La Rioja, la provincia que el peronismo creyó eterna, nunca estuvo tan cerca de escribir un capítulo que nadie en el justicialismo quiere protagonizar.

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