Javier Milei en el acto por el Día del Maestro, 11 de septiembre de 2026. Foto: captura de la transmisión de la Oficina del Presidente. Fuente de la imagen.
Opinión de eduardogerman.com.
Los resultados de PISA y el acuerdo para distribuir 6.000 kits de conectividad satelital colocan a la política educativa ante dos tareas vinculadas: mejorar los aprendizajes y ampliar el acceso a herramientas digitales. El equipamiento puede contribuir a la enseñanza, pero su aporte dependerá del uso en las aulas, la formación docente y la continuidad del servicio.
Según el informe sobre PISA 2025 publicado por Eduardo German, el 76% de los estudiantes argentinos evaluados quedó por debajo del nivel 2, considerado el umbral básico de desempeño, en Matemática. En Lectura y Ciencias la proporción fue del 59%. Son dificultades de aplicación de conocimientos que requieren respuestas pedagógicas sostenidas.
La OCDE publicó los primeros resultados el 8 de septiembre. El diagnóstico permite discutir las dificultades de aprendizaje y las respuestas necesarias más allá de la posición argentina en el ranking.
Una trayectoria larga no elimina las responsabilidades presentes
La respuesta de Sandra Pettovello y Carlos Torrendell puso el énfasis en la trayectoria escolar y en los problemas heredados. El argumento reconoce una característica importante: los aprendizajes se construyen durante años y una evaluación no permite asignar mecánicamente el resultado a una sola gestión.
Esa limitación tampoco exime a las autoridades actuales de mostrar qué políticas aplican, con qué alcance y cómo medirán sus efectos. La discusión sobre el origen del problema necesita acompañarse de compromisos verificables hacia adelante.
El pronunciamiento de la Academia Nacional de Educación y la reacción de Pettovello exhibieron coincidencias sobre alfabetización, Matemática y formación docente. Otras propuestas, como los exámenes de egreso y la publicación de resultados por escuela, requieren un debate específico. El respaldo general a un diagnóstico no implica que exista acuerdo ni ejecución sobre toda una agenda.
La evaluación nacional tampoco describe por sí sola lo que ocurre en cada provincia o escuela. Para orientar apoyos hacen falta diagnósticos con el alcance adecuado. Usar el promedio argentino como si fuera un dato particular de La Rioja podría llevar a conclusiones que el informe citado no permite sostener.
El seguimiento de los aprendizajes debería servir para ajustar la enseñanza y asignar apoyo. La publicidad de resultados puede aportar información, pero su interpretación exige contexto sobre las condiciones en que trabajan las escuelas. El debate sobre evaluación necesita discutir esos usos, además de decidir qué datos se difunden.
La conexión necesita una política de uso
El acuerdo con Starlink contempla 6.000 kits y recursos por US$21,876 millones entre aportes privados y financiamiento del Fondo del Servicio Universal. El esquema incluye equipamiento, servicio, instalación y asistencia. La información publicada no confirma que todos los establecimientos ya estén conectados.
El siguiente paso es conocer las escuelas seleccionadas y el calendario de instalación. Después será necesario observar continuidad del servicio, mantenimiento y posibilidades reales de uso dentro del aula.
La conectividad puede ampliar el acceso a materiales, formación y comunicación. Para que esa disponibilidad se traduzca en aprendizaje también hacen falta docentes acompañados, propuestas de enseñanza, tiempo escolar y herramientas adecuadas. La tecnología agrega capacidades; no sustituye ese trabajo.
La coordinación entre Nación y provincias atraviesa ambos temas. Es necesaria para distribuir los equipos y también para sostener intervenciones educativas que superan la duración de un anuncio.
Del equipo instalado al trabajo en el aula
El acuerdo de conectividad distingue aportes privados y públicos. Según la información publicada, Starlink aportará equipamiento y los primeros 24 meses de servicio, mientras el Fondo del Servicio Universal financiará componentes de implementación y un tercer año. Esa distribución hace importante anticipar cómo se sostendrá la continuidad después de las etapas previstas.
Una escuela conectada necesita, además, condiciones para aprovechar el servicio: equipos utilizables, organización del acceso, apoyo técnico y propuestas de enseñanza. Instalar una terminal puede resolver una barrera de conectividad, pero no garantiza por sí mismo que todos los alumnos dispongan de las mismas oportunidades de uso.
Para La Rioja, el primer dato pendiente sigue siendo la nómina de establecimientos y su cronograma. Conocerlos permitiría discutir criterios de prioridad y coordinar el trabajo provincial. El anuncio de 6.000 kits a escala nacional no equivale a una asignación confirmada para la provincia, ni permite dar por completadas las instalaciones.
La posición de este sitio es que tecnología y enseñanza deben planificarse juntas. Un programa puede cumplir su meta de equipos y quedar corto en su contribución educativa si no se acompaña a las escuelas. La rendición de cuentas debería mostrar continuidad del servicio, uso pedagógico y resultados de aprendizaje, atendiendo a los tiempos diferentes de cada objetivo.
El seguimiento deberá conectar los recursos con objetivos educativos concretos. Saber qué escuelas reciben equipos y si funcionan permitirá controlar el programa de conectividad. Observar cómo se incorporan a la enseñanza y cómo evolucionan los aprendizajes permitirá evaluar su contribución a una mejora que requiere también otras políticas.
