La construcción riojana al límite: 2.000 familias empujadas a la informalidad y las empresas buscan refugio en la minería

El presidente de la Cámara de la Construcción local, Héctor Spallanzani, alertó que el sector no tiene diálogo con la Casa Rosada y que las obras hidráulicas quedaron abandonadas. El esfuerzo de la Provincia para terminar 600 viviendas a ritmo lento y la advertencia: “La provincia debe desarrollarse a partir de la minería, no desarrollar la minería en la provincia”.

La desaparición de la obra pública nacional en La Rioja dejó una huella social devastadora que excede las estadísticas frías. Más de 2.000 trabajadores que contaban con empleo registrado en el sector de la construcción fueron empujados a la informalidad absoluta, sobreviviendo de changas esporádicas de albañilería en refacciones domiciliarias particulares. El diagnóstico fue expuesto por el presidente de la Cámara de la Construcción de La Rioja, Héctor Spallanzani, quien advirtió que el sector atraviesa una situación terminal tras más de tres años de contracción continua y el cierre del diálogo por parte del gobierno de Javier Milei.

“Cada vez hay más empresas que paralizan sus actividades y la caída del empleo registrado nos coloca en una situación límite. Antes uno caminaba por la ciudad o el interior y veía movimiento de tierra, camiones con arena y ladrillos, obradores llenos. Hoy todo eso desapareció: solo queda un puñado de compañeros que consigue una changa aislada en alguna vivienda particular para subsistir en la informalidad total”, relató el dirigente empresarial en declaraciones radiales.

La preocupación de las constructoras no solo radica en la supervivencia financiera de las empresas que aún no bajaron la persiana, sino en la pérdida irreparable de mano de obra calificada: “Son trabajadores formados durante años que aportaron su esfuerzo a nuestras empresas. Hacemos lo imposible por mantener el contacto con ellos para convocarlos apenas asome una oportunidad, porque sin la fuerza laboral no hay industria posible”.

Obras hidráulicas abandonadas por Nación y el salvavidas provincial de las 600 viviendas

Spallanzani denunció que la administración central clausuró cualquier instancia de articulación con el sector a nivel federal, borrando de su agenda las inversiones en infraestructura básica: “El gobierno nacional no contempla obras viales, planes habitacionales ni requerimientos esenciales de saneamiento ambiental y obras hidráulicas. En La Rioja esto se tradujo en proyectos de vivienda paralizados y obras hidráulicas directamente abandonadas en el territorio”.

Frente a ese vacío, el gobierno provincial debió intervenir para reactivar de manera paulatina unas 600 unidades habitacionales que habían quedado a medio construir, evitando que los predios sean desmantelados o usurpados. Sin embargo, el titular de la cámara reconoció los límites de la caja local: “La Provincia se está haciendo cargo de terminar esas viviendas para atender un déficit habitacional enorme, pero el avance no va al ritmo que quisiéramos porque los recursos provinciales no alcanzan. De todos modos, ese pequeño flujo es el que permite que sigan abiertos los corralones de materiales y los comercios anexos”.

La obra pública residual de la Casa de las Tejas funciona así como un respirador artificial para la cadena comercial de la Capital y el interior, amortiguando el impacto en ferreterías, fletes y proveedores de áridos que dependen exclusivamente de la continuidad de esos planes.

El desafío minero: desarrollo integral frente al riesgo del extractivismo

Con el mercado inmobiliario privado deprimido por la falta de créditos hipotecarios accesibles, la Cámara de la Construcción comenzó a mirar hacia la cordillera riojana como una tabla de salvación a mediano plazo. Las empresas locales iniciaron programas de capacitación técnica para intentar calificar como prestadoras de servicios en los proyectos de exploración que avanzan en el oeste provincial.

No obstante, Spallanzani fue muy cauto sobre los tiempos y las exigencias de la actividad: “La minería es una luz que puede llegar a ser interesante de acá a unos años, pero es un proceso largo y no todas nuestras empresas están en condiciones de cumplir con los requerimientos técnicos y de escala que demanda la gran minería. Tenemos que prepararnos”.

En ese sentido, el dirigente empresarial dejó sentada una postura de fondo sobre el modelo productivo que debe regir en la provincia: “Tenemos que tener claro el concepto: La Rioja se tiene que desarrollar a partir de la minería, y no desarrollar la minería en La Rioja como un enclave aislado. Los recursos que genere la actividad minera deben traducirse obligatoriamente en obras de infraestructura vial, hídrica y urbana que queden para siempre en los pueblos cercanos, porque cuando el recurso mineral se agota, las empresas se van y la comunidad debe quedar con una economía sustentable en el tiempo”.

El testimonio de Spallanzani desnuda la agonía de una industria madre que no encuentra piso. Mientras 2.000 familias riojanas dependen de una changa fortuita para llevar el pan a la mesa y el Estado nacional mantiene congeladas las transferencias, las pymes constructoras locales intentan reconvertirse hacia la minería del futuro, atrapadas en la carrera diaria por no extinguirse antes de que lleguen las inversiones.


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