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La Rioja, el ajedrez político en su máxima tensión: el oficialismo, entre el riesgo de la derrota y la lucha por su propio futuro

El justicialismo riojano enfrenta una batalla de dos frentes en un año electoral clave. Mientras la oposición se unifica con una estrategia audaz, el oficialismo padece una crisis interna, acusaciones de corrupción y una gestión «atada con alambre». El futuro de la hegemonía del partido en la provincia se definirá en las urnas y en los despachos del poder.


El ocaso de un modelo y la factura de la corrupción

La Rioja se encuentra en el ocaso de un modelo político que la gobernó por más de cuatro décadas. El justicialismo, que desde 1983 monopolizó el poder, construyó su hegemonía sobre una dependencia casi total de la Nación, con un «Estado obeso» que hoy paga la factura de una crisis que se manifestó en escándalos como el desvío de 15 millones de dólares de un fideicomiso del FGS para un parque solar que nunca se construyó. La denuncia de un dirigente de La Libertad Avanza, Diego Molina Gómez, de que el «quintelismo» necesita 5 años para que prescriban las rendiciones pendientes en el Tribunal de Cuentas provincial añade una nueva y grave capa a la crisis.

La batalla por la sucesión y la oposición unificada

Las dificultades económicas exacerban una interna que ya es abierta. El gobernador Ricardo Quintela se ve atrapado entre su posición de liderazgo y las aspiraciones de su propia fuerza. El justicialismo sospecha que Quintela busca replicar el «modelo Zamora» y posicionar a su exesposa, Gabriela Pedrali, como candidata a gobernadora en 2027. Este movimiento, lejos de generar unidad, choca de frente con las aspiraciones de dirigentes como la vicegobernadora Teresita Madera y la diputada nacional Florencia López. La carrera por la sucesión se complica aún más con la irrupción de Ernesto Pérez, ministro de Producción, y la rectora de la UNLaR, Natalia Álbarez Gómez.

La oposición, unificada, va por el poder

Por primera vez en décadas, la oposición se presenta con un frente unido. El acuerdo entre La Libertad Avanza, el PRO y la UCR es un movimiento estratégico de Martín Menem. Este bloque busca consolidar el voto anti-justicialista y usar las elecciones de octubre como un trampolín para 2027. La campaña de LLA, con un candidato como el empresario Gino Visconti, y una lista de «profesionales», desafía directamente el modelo del oficialismo.

El futuro de la provincia en juego

El justicialismo, por su parte, hará todo lo que esté a su alcance para ganar en octubre, ya que una derrota sería el principio del fin de su poder. La gestión de Quintela es un reflejo de esta batalla. Por un lado, se politiza una marcha por la discapacidad para usarla como bandera contra la Nación. Por otro, el gobernador consolida su poder en su círculo íntimo, mientras sus socios, que lo llevaron al poder, hablan de «traición». La Rioja se encuentra en un punto de inflexión donde el futuro de la política, por primera vez en mucho tiempo, parece más incierto que nunca.

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