Un informe revela que se necesitan 28 monotributistas para financiar una sola jubilación mínima, lo que genera un «agujero fiscal» a futuro. En La Rioja, apenas el 4% de los ocupados está inscripto en el régimen, un dato que desnuda la falta de actividad privada registrada y el avance del empleo en negro.
A 27 años de su creación, el Monotributo se ha convertido en la cara visible de la formalidad para millones de argentinos bajo la premisa del «yo pago mis impuestos». Sin embargo, un nuevo análisis de las economistas Laura Caullo y Guadalupe Galíndez advierte que el sistema funciona como un «espejismo»: la contribución real es tan baja que, en la práctica, opera casi como una moratoria previsional anticipada.
El dato es contundente y enciende las alarmas sobre la sustentabilidad del sistema previsional: se necesitan casi 28 monotributistas para financiar una sola jubilación mínima con bono. Mientras un trabajador en relación de dependencia aporta en promedio el 11% de su salario y un autónomo el 5%, la contribución de un monotributista es casi simbólica: apenas el 0,9% en términos equivalentes.

La Rioja: cuando el problema no es el régimen, sino la ausencia
El informe arroja un dato revelador sobre la realidad económica de La Rioja. Mientras que en la Ciudad de Buenos Aires el 20% de los ocupados son monotributistas (reflejo de un mercado de servicios y profesionales independientes), en la provincia riojana esa cifra cae al 4%, ubicándose en el fondo de la tabla nacional junto a Tucumán, Santiago del Estero y Jujuy.
Lejos de ser una buena noticia, este bajo porcentaje desnuda una debilidad estructural del mercado laboral local. Según las autoras, en el Norte Grande el problema no es solo la baja intensidad contributiva del régimen, sino la «alta informalidad y la menor densidad de actividades profesionales o de comercio formal de pequeña escala».
En otras palabras, en La Rioja ni siquiera se accede a esta «formalidad de bajo costo». La economía provincial muestra una escasa generación de cuentapropismo registrado, lo que sugiere que gran parte de la actividad privada se mueve directamente en la marginalidad o que la dependencia del empleo público deja poco margen para el emprendedurismo privado.
Una fábrica de jubilaciones mínimas
El estudio detalla que más del 80% de los inscriptos a nivel nacional se concentra en las tres categorías más bajas («enanismo fiscal»). A noviembre de 2025, el componente impositivo arranca en $4.183 mensuales (Categoría A), una cifra que no mueve la aguja de la recaudación de IVA y Ganancias.
Pero el drama mayor es previsional. El aporte jubilatorio de la categoría más baja es de $13.663. Esto provoca que quienes transitan su vida laboral en este esquema —que hoy muestra un envejecimiento en su padrón, concentrado en personas de 30 a 49 años— estén condenados a percibir la jubilación mínima, profundizando el desacople entre lo que se aporta y lo que se recibe.
Para La Rioja, el escenario futuro es complejo: por un lado, una masa de trabajadores informales sin cobertura; por el otro, un pequeño sector de monotributistas (ese 5%) que, aunque están «en blanco», no logran acumular aportes genuinos para sostener el sistema previsional, trasladando el costo fiscal a las próximas generaciones.

































