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El primer funcionario que vio el abismo: Puy Soria le dio la espalda a Quintela y sentó a Beder Herrera en su mesa

El ministro de Vivienda fue el primer ladrillazo en la estructura política del gobernador: invitó a comer al ex mandatario en su casa de calle Cepeda, ignoró a la vice Teresita Madera y a la senadora Florencia López, y se despegó en silencio de la candidatura que Quintela construye para Gabriela Pedrali. Afuera, Martín Menem lidera todas las encuestas.


En política, los almuerzos no son inocentes. Y el que protagonizó Ariel Puy Soria, ministro de Vivienda del gobierno de Ricardo Quintela, fue cualquier cosa menos un encuentro casual. El funcionario invitó a Luis Beder Herrera a su casa particular en la calle Cepeda de la capital riojana y compartió mesa con el ex gobernador en un gesto que dentro del justicialismo provincial se leyó con una claridad que no admite interpretaciones alternativas: hay un ministro del gabinete que ya no cree en la estrategia de su propio gobernador.

Puy Soria no fue convocado por Beder Herrera. Fue él quien tendió el puente. Esa dirección del gesto importa. Un funcionario que busca al histórico referente del peronismo riojano por fuera de los canales oficiales y por encima —o por debajo— de la cadena de mando política del gobernador está mandando un mensaje que trasciende la anécdota: el barco tiene grietas y hay quienes empezaron a buscar el bote salvavidas antes de que lo ordene el capitán.

Lo que hace todavía más significativo el movimiento de Puy Soria es lo que implica en términos de la interna. Al sentarse con Beder Herrera, el ministro dejó deliberadamente afuera a las dos figuras que Quintela tiene como piezas clave de su arquitectura política: la vicegobernadora Teresita Madera y la senadora nacional Florencia López. Ninguna de las dos fue parte del encuentro. Ninguna de las dos, al parecer, fue consultada. En el peronismo riojano, ese tipo de omisiones no son descuidos: son definiciones.

Y hay una tercera figura que el movimiento de Puy Soria también elude con elocuencia. Quintela viene impulsando con creciente insistencia a la diputada nacional Gabriela Pedrali como su candidata a gobernadora para 2027. La jugada del gobernador tiene una lógica: proyectar continuidad, mantener el control del proceso sucesorio y evitar que la interna se le vaya de las manos. Pero cuando uno de sus propios ministros sale a buscar a Beder Herrera sin avisar, la candidatura de Pedrali recibe un golpe sutil pero real. Hay peronistas que no se sienten representados por esa hoja de ruta y que empezaron a explorar otras.

Todo esto ocurre mientras afuera del peronismo el escenario se consolida en una dirección que inquieta profundamente al justicialismo. Martín Menem lidera con comodidad las encuestas en La Rioja. El presidente de la Cámara de Diputados de la Nación tiene números que ningún candidato peronista puede exhibir hoy, y cada semana que pasa sin que el PJ defina una estrategia creíble es una semana que el riojano de La Libertad Avanza gana terreno.

Puy Soria lo vio primero. O al menos fue el primero en animarse a hacer algo al respecto. En un gobierno donde la lealtad a Quintela se da por obligación más que por convicción, ese paso en falso —o en firme, según cómo se lo mire— puede ser el inicio de una reconfiguración que el gobernador ya no podrá controlar con los métodos de siempre.

El peronismo riojano tiene gobernada la provincia desde 1983. Pero hay ministros suyos que ya almuerzan con el pasado porque el futuro que les ofrece Quintela no los convence. Esa imagen, más que cualquier encuesta, resume el momento que vive el justicialismo en La Rioja.

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