El ex gobernador ya no oculta su inquietud por el futuro de La Rioja tras el fin del ciclo de Quintela. Una provincia con deudas por $15 mil millones, juicios en Estados Unidos y dependencia total de la coparticipación puede ser el terreno fértil para que La Libertad Avanza, con Martín Menem como bandera, rompa décadas de hegemonía justicialista.
Luis Beder Herrera no necesita hablar para que se entienda lo que piensa. En la política riojana, uno de sus dirigentes históricos de mayor peso dentro del peronismo muestra con cada gesto, cada silencio y cada conversación de pasillo una preocupación que ya no logra —o ya no quiere— disimular: el legado que dejará Ricardo Quintela cuando abandone la gobernación en 2027 puede costarle al justicialismo la provincia.
La radiografía que circula en ese entorno es contundente. La Rioja está virtualmente fundida. No como figura retórica sino como descripción de una situación financiera concreta: una deuda con proveedores que ronda los 15 mil millones de pesos sin perspectivas reales de saneamiento, juicios activos ante tribunales de Estados Unidos por el default de los bonos provinciales —un frente donde el poder político local no tiene capacidad de maniobra— y una estructura de ingresos que depende de manera casi exclusiva de los fondos de coparticipación federal.
Ese último punto es quizás el más delicado en términos estructurales. La Rioja genera por recaudación propia una porción marginal de lo que necesita para sostener su funcionamiento. Cualquier variación en las transferencias desde Nación —decisión política del gobierno de Milei mediante o reforma del esquema distributivo de por medio— se traduce de inmediato en salarios en riesgo, obra pública paralizada y servicios degradados.
Lo que alimenta la inquietud en el entorno de Beder Herrera es la confluencia entre ese estado de situación fiscal y el horizonte electoral. Quintela no puede ser reelecto. En 2027 el peronismo deberá presentar una nueva figura en una provincia que habrá transitado años de ajuste acumulado, proveedores sin cobrar y promesas postergadas. El escenario para competir será, en el mejor de los casos, cuesta arriba.
Del otro lado, la amenaza tiene nombre y apellido. Martín Menem —presidente de la Cámara de Diputados, riojano y figura central de La Libertad Avanza— tiene los atributos para encabezar o impulsar una candidatura competitiva en la provincia. Con el respaldo del gobierno nacional y una imagen que creció al calor del protagonismo legislativo, LLA tiene por primera vez en muchos años condiciones reales para disputar el poder en suelo riojano.
Esa es la película que inquieta a quienes, como Beder Herrera, llevan décadas construyendo el peronismo en La Rioja. No hace falta que lo digan en voz alta. En política, cuando los históricos empiezan a mirar con esa mezcla de preocupación y resignación, la señal es inequívoca.








































