El secretario general de la UOCRA y miembro del triunvirato de la CGT provincial, Sebastián Di Fiori, confirmó reuniones reservadas con el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación para reactivar tramos viales. Denunció un «industricidio» de Javier Milei, autocrítica por aumentos de miseria que no cubren un kilo de carne y el dolor de entregar 1.000 viandas semanales.
La crudeza del desempleo en La Rioja perforó las lealtades partidarias tradicionales. Frente a un escenario devastador que redujo el padrón de la construcción de casi 14.700 obreros registrados a menos de 1.000 trabajadores en blanco, el secretario general de la UOCRA local y triunviro de la CGT provincial, Sebastián Di Fiori, blanqueó negociaciones directas con el máximo referente libertario del Congreso, Martín Menem, y el diputado nacional Gino Visconti. El acercamiento, que despertó inmediatos recelos en la mesa chica del peronismo que conduce Ricardo Quintela, busca destrabar partidas para reactivar corredores viales paralizados en el territorio provincial.
“A mí me cuestionaron puertas adentro diciendo que paso por arriba al justicialismo de la provincia, pero yo tengo que velar por los trabajadores y su plato de comida. Hablé con nuestro secretario general a nivel nacional, Gerardo Martínez, y me senté con Menem y Visconti. Nos prometieron un paquete de cuatro obras viales antes de fin de año, entre ellas la continuidad del nudo de la rotonda de El Chacho”, reveló Di Fiori durante una entrevista radial tras participar de la marcha de la CGT en Buenos Aires.
Sin embargo, el dirigente gremial mantuvo la cautela sobre las promesas libertarias: “Esperemos que no sea una mentira política de campaña porque estamos a un año de las elecciones. Hasta el momento no hay material en los obradores, recién están trayendo algunas máquinas y no queremos que la gente se agolpe en la puerta del sindicato con falsas expectativas. Pero cualquier reactivación, por mínima que sea, le dará un respiro a familias que cayeron en la indigencia”.
De 14.700 obreros a menos de 1.000 y el parate en los corralones
El titular de la UOCRA ubicó a La Rioja, junto a Santa Cruz y Tierra del Fuego, en el podio de las provincias más castigadas por la motosierra del gobierno central. Recordó que entre 2021 y comienzos de 2023 la jurisdicción lideró los índices per cápita de obra pública y empleo formal del país, un andamiaje que se desmoronó a fines del año pasado cuando el corte de transferencias redujo los planteles a 4.000 trabajadores y luego a menos de un millar.
La parálisis no solo afecta a la obra pública, sino que arrastra al sector privado de la construcción. Di Fiori coincidió con empresarios locales y dueños de corralones que alertan sobre la desaparición de las compras acopiadas: “La gente de clase media y trabajadora ya no puede comprar ni una bolsa de cemento a futuro para levantar una pieza. Se perdió esa capacidad de ahorro doméstico”.
El gremialista denunció además maniobras de flexibilización laboral de hecho en el medio riojano: “Hay empresas que se aprovechan de la desesperación y dividen un solo salario para pagarle la mitad a dos trabajadores en negro. Hay un industricidio deliberado ejecutado por el gobierno de Milei y cuatro paros generales no alcanzaron para que convoquen a una mesa de diálogo”. En esa línea, repudió el operativo de seguridad nacional durante la última protesta obrera, asegurando que retuvieron a 14 colectivos con manifestantes a 100 kilómetros de la Capital Federal para impedirles marchar.
Paritarias de miseria, banco de horas y 1.000 viandas por semana
El dirigente sindical no eludió la autocrítica al evaluar los magros acuerdos salariales alcanzados por la federación nacional frente a la inflación acumulada: “En tres meses nos dieron un 5,6% de aumento. Eso equivale a un 1,7% mensual, unos 17.000 pesos sobre un sueldo de un millón. No alcanza ni para comprar un kilo de carne picada que cuesta 21.000 pesos en el supermercado. ¿Cómo le explica un delegado a un obrero de la obra que ese es el incremento?”.
A esa pérdida del poder adquisitivo sumó los perjuicios de la reforma laboral aplicada por las contratistas, que eliminaron el pago tradicional de horas extras: “Están implementando un banco de horas de 44 semanales. Las horas adicionales te las guardan y te las van descontando si tenés que faltar para ir al médico o llevar a tu hijo a la escuela. El obrero siempre usó la plata de la hora extra para cambiar una cubierta de la moto, comprar ropa o arreglar su casa; al quitarle eso, el consumo se desplomó entero”.
El cuadro social empujó al sindicato a reconvertirse en una red de auxilio comunitario. Di Fiori reconoció que la seccional debió montar un esquema de asistencia para entregar 1.000 viandas de comida por semana en los barrios periféricos más postergados de la Capital: “Empezamos ayudando a los compañeros desocupados de la construcción, pero la demanda de los vecinos nos desbordó. No está bueno repartir pobreza. Me duele en el alma que un trabajador vaya al gremio y tengamos que darle una bolsa de mercadería en vez de una pala y un recibo de sueldo”.
El pragmatismo de Di Fiori refleja el estado de emergencia en el que se mueve el sindicalismo industrial en el norte del país. Al tender puentes directos con el alfil libertario en el Congreso nacional, el jefe de la construcción desafía la disciplina del peronismo local en un intento desesperado por devolverle el pulso a las obras, atrapado entre las promesas electorales de la Casa Rosada y el hambre real de miles de familias que quedaron fuera del sistema.
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