La decisión de la jueza María Servini de rechazar la solicitud de Ricardo Quintela para postergar las elecciones internas del Partido Justicialista despeja el camino para que Cristina Kirchner asuma la jefatura del partido a partir del 17 de noviembre. En un intento por evitar una ruptura total, ambos sectores intentaron acercarse, aunque el fallo consolida el poder de la expresidenta y plantea dudas sobre el futuro de los sectores disidentes dentro del peronismo.
La reciente decisión de la jueza María Servini de denegar el pedido del gobernador riojano, Ricardo Quintela, para posponer las elecciones internas del Partido Justicialista (PJ), marca un hito en la reconfiguración del poder interno del peronismo. El fallo, que era esperado tanto por el sector de Quintela como por el de la expresidenta Cristina Kirchner, deja en claro la hegemonía de la lista «Primero la Patria», encabezada por Kirchner, al quedar esta como la única candidatura válida. Esto no solo le asegura una posición de liderazgo en el PJ, sino que, además, refuerza su control sobre la estructura partidaria de cara al 17 de noviembre, fecha prevista para la proclamación oficial.
La interna del PJ había llegado a un punto de inflexión cuando la Junta Electoral del partido invalidó la lista «Federales» de Quintela, aduciendo que esta no cumplía con los requisitos de avales. Según la Junta, el equipo del gobernador riojano no alcanzó el 2% de firmas del padrón —un umbral equivalente a 62.465 firmas válidas— y, además, parte de los documentos presentados fueron considerados apócrifos. Esta decisión desató fuertes críticas de Quintela, quien acusó a la Junta de estar alineada con el kirchnerismo y denunció la falta de imparcialidad en el proceso.
Al llevar el conflicto a los tribunales electorales, Quintela intentaba abrir la posibilidad de una nueva elección en 2025, presentando una medida cautelar para suspender el proceso actual y denunciando irregularidades que incluían la «violación de la cadena de custodia» de la documentación. No obstante, el fallo de Servini le cierra las puertas y refuerza la estrategia de Cristina Kirchner, consolidando su liderazgo en el PJ sin competencia interna.
En la víspera del fallo, hubo intentos de acercamiento. Con el aval de sus referentes políticos, dirigentes de ambas facciones se reunieron con Quintela para explorar una salida negociada al conflicto. Las conversaciones fueron lideradas por José Mayans y Germán Martínez, jefes de bloque y candidatos a vicepresidentes de la lista de Kirchner, quienes se trasladaron al Instituto Patria para discutir la situación directamente con la expresidenta. Este encuentro incluyó a otras figuras de peso, como la senadora Lucía Corpacci y el sindicalista Ricardo Pignanelli. Si bien hubo señales de disposición para alcanzar un acuerdo, el fallo de Servini reafirma una interna que deja sin espacio a los disidentes.
El desenlace de este conflicto interno deja varias incógnitas sobre el futuro del peronismo. Con Cristina Kirchner en la cima del PJ, el ala kirchnerista fortalece su control, pero también enfrenta el desafío de integrar o, al menos, contener las voces disidentes que representan una diversidad de sectores y liderazgos, en su mayoría provinciales, que buscan una mayor autonomía dentro del partido.

































