El gobierno de Ricardo Quintela y la vicegobernadora Teresita Madera se abrazan a la figura de monseñor Angelelli para proyectar una imagen de moralidad y compromiso social. La inauguración de un parque temático en su honor y los mensajes de justicia y solidaridad se convierten en las principales herramientas para movilizar la base justicialista en un año electoral.
En el complejo ajedrez de La Rioja, donde la política se debate entre la crisis financiera y la avanzada opositora, el justicialismo despliega una estrategia de campaña basada en el poder de la simbología. Las publicaciones en redes sociales del gobernador Ricardo Quintela y la vicegobernadora Teresita Madera sobre el homenaje a monseñor Enrique Angelelli no son solo un acto de memoria, sino un movimiento político de gran astucia.
El mártir riojano es la bandera perfecta para esta campaña. El justicialismo se apropia de la figura de Angelelli, un beato que se distinguió por su «vocación de servicio, compromiso con los sectores más humildes y su firme postura contra las injusticias», para reivindicar su propio proyecto político. Al ligar el legado del obispo a la lucha por «una Rioja más justa y equitativa», el oficialismo busca posicionarse como el único heredero de los valores de la justicia social, un discurso que le permite diferenciarse de la oposición liberal de La Libertad Avanza.
El evento en El Pastor, Punta de los Llanos, se convierte en un acto de «gestión simbólica». La inauguración de la primera etapa del Parque Temático “Martirio y Memoria” es un mensaje que va más allá de la obra pública. En un contexto de austeridad, el gobierno muestra que, a pesar de las dificultades, sigue activo e invierte en proyectos que resuenan en la historia y el sentimiento del pueblo riojano.
La simbología de Angelelli no solo le otorga al justicialismo una autoridad moral, sino que también sirve para movilizar a su base de votantes. Los mensajes de «justicia y solidaridad» son un llamado a la acción para los sectores más tradicionales y progresistas del partido en el interior provincial, un bastión histórico del peronismo. De esta manera, el justicialismo convierte la historia en una herramienta para la campaña electoral, usando la memoria colectiva para defender su modelo y asegurar su supervivencia en el poder.











































