Ricardo Quintela somete a intendentes, dirigentes y hasta «pseudos opositores» a una prueba de fuego. Tras seis años de beneficios de la Casa de Gobierno, el gobernador exige resultados en las urnas sin los recursos de otros tiempos. La imposición de Gabriela Pedrali es el claro mensaje de que él tiene “la lapicera”.
En la política riojana, la era de los fondos ilimitados para la campaña electoral parece un recuerdo lejano. El gobernador Ricardo Quintela, consciente de la nueva realidad de “política sin caja”, ha lanzado una estrategia cruda y arriesgada: salir a “contar los votos” de su dirigencia, pero sin el respaldo de los recursos públicos. El mensaje es un desafío directo para todos aquellos que, durante seis años de gestión, disfrutaron de las “mieles de los fondos de la Casa de Gobierno”.
La misión de Quintela es poner a prueba la lealtad de su base política. El gobernador coloca en un “brete” a intendentes, diputados y demás dirigentes del peronismo, que ahora deben demostrar su capacidad para movilizar a su militancia sin la tradicional inyección de dinero. Es una forma de separar la paja del trigo, de diferenciar a aquellos que se acercaron por interés de aquellos que mantienen una lealtad genuina a su proyecto político. La prueba, claro está, es dura, y no todos saldrán bien parados.
Este nuevo escenario, sin embargo, no debilita la autoridad de Quintela. Por el contrario, su poder se consolida. La decisión de imponer la candidatura de Gabriela Pedrali sin dialogar con nadie fue la confirmación de que su liderazgo es indiscutible. La unilateralidad del anuncio es una muestra de que él tiene “la lapicera”, el poder absoluto para decidir el rumbo del peronismo sin necesidad de negociar con las distintas tribus.
La elección se convierte así en un test de lealtad. Quintela sabe que su poder se mide en votos, y que en este nuevo contexto, cada sufragio se ha vuelto más valioso. Aquellos dirigentes que no logren entregar el caudal de votos esperado en sus territorios, quedarán marcados y, posiblemente, relegados de futuras decisiones. El gobernador, con pocos recursos y mucha audacia, está escribiendo un nuevo capítulo en la política riojana, uno en el que la disciplina y la capacidad de movilización valen más que el acceso a los fondos.

































