Un traspié electoral en el segundo distrito más importante de la provincia no solo sería un revés para el peronismo, sino que abriría una batalla por el poder y pondría a prueba a los dirigentes que ya piensan en el 2027.
La política en La Rioja se rige por un axioma no escrito: la victoria en los principales distritos es clave para consolidar el poder. Y en ese ajedrez, el departamento de Chilecito es una de las piezas más importantes. En este contexto, un posible traspié de Gabriela Pedrali, la candidata a diputada nacional del peronismo, en este bastión opositor, tendría consecuencias políticas que van mucho más allá de una simple derrota electoral. La pregunta es: ¿quién perdería realmente?
La primera respuesta es obvia: Ricardo Quintela. Un revés en Chilecito sería un golpe directo a la autoridad del gobernador. Ello demostraría que su poder de imposición, al no ser refrendado en las urnas por un distrito clave, es más frágil de lo que parece. La derrota le pasaría una factura política en sus dos últimos años de gestión, debilitando su posición frente al gobierno nacional y dándole argumentos a sus opositores internos.
Pero las consecuencias de un sismo político en Chilecito afectarían también a los referentes que ya piensan en el 2027. Fernando Rejal y Rodrigo Brizuela y Doria, ambos con aspiraciones que van más allá del “quintelismo”, se encontrarían en una situación compleja. Si la apuesta de Pedrali no rinde frutos, su capital político se vería erosionado. La derrota alteraría por completo la dinámica de la carrera hacia la gobernación, ya que dejaría al peronismo en un «brete» y con un liderazgo debilitado de cara a la contienda por la sucesión. La promesa de que «si Pedrali gana, seguramente pedirán ministerios en el gobierno de Quintela para los próximos dos años» se diluiría en caso de que ella no obtenga un buen resultado.
En definitiva, la elección en Chilecito es un test crucial. La derrota no solo la asumiría el peronismo en su conjunto, sino que golpearía de lleno a Quintela y a los dirigentes que, en la sombra, ya están moviendo sus fichas para 2027. Un resultado adverso en este departamento clave, lejos de ser un final, sería el inicio de una batalla por el poder en la que todos los bandos quedarían heridos.

































