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La paradoja de Sergio Casas: el arquitecto que puso a Quintela en el poder y hoy está fuera de la ‘mesa chica’

El exgobernador le entregó el aparato estatal a Ricardo Quintela para que llegara a la gobernación. Hoy, Casas no participa de las decisiones políticas, un reflejo del precio que pagó por la “lapicera” del poder.

En la política riojana, la figura de Sergio Casas se presenta como una paradoja. El exgobernador, quien tuvo la facultad de designar al sucesor de su gestión, fue el arquitecto que le entregó el gobierno a Ricardo Quintela. La decisión no fue menor: Casas puso a disposición del actual mandatario “todo el aparato estatal” para que llegara a la gobernación. El resultado de esa jugada política fue el ascenso de Quintela y, paradójicamente, la posterior irrelevancia política de Casas.

Las acciones de Casas, que lo llevaron a sacrificar alianzas, muestran el alto costo que pagó. En el proceso de consolidar a Quintela, aisló a Néstor Bosetti, quien era su vicegobernador. El exgobernador también ignoró a Luis Beder Herrera, el hombre que en su momento lo había llevado a la gobernación. Estas decisiones, tomadas para asegurar la victoria de Quintela, demuestran la complejidad del juego de poder en la provincia.

La ironía de su destino político es que, tras haber sido la pieza clave en la transición, hoy Casas no forma parte del poder que ayudó a crear. El exgobernador “no participa de ninguna toma de decisiones políticas en el peronismo”. Su marginalización es un testimonio de la naturaleza insular del “quintelismo”, que, una vez en el poder, no necesitó de sus benefactores. La historia de Sergio Casas es un recordatorio de que, en política, quien cede la “lapicera” no siempre se queda con un pedazo del poder.

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