El gobernador apostó por un proyecto propio que no consiguió el apoyo de dirigentes de peso. Sin el respaldo de los líderes nacionales de su espacio, el “quintelismo” se encuentra en un dilema en una batalla contra un Martín Menem que sí cuenta con el apoyo total de Javier Milei.
La política en La Rioja se rige por un axioma no escrito: la conexión con el poder nacional es clave para la supervivencia. En este escenario, el peronismo de Ricardo Quintela se enfrenta a una dura realidad: va a las elecciones legislativas sin un “paraguas nacional”. El gobernador apostó por su proyecto, “Federales”, pero no consiguió el apoyo de ningún “gobernador o dirigente de peso”.
El fracaso de la ambición nacional de Quintela es un factor decisivo en la contienda. El gobernador, que “buscó por todas las formas instalarse a nivel nacional pero no lo logró”, hoy está lejos de la órbita de los principales líderes peronistas como Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa. Esta soledad política es una debilidad que contrasta con la situación de sus rivales.
Martín Menem, el referente de La Libertad Avanza, sí cuenta con el respaldo total de Javier Milei. Su alineamiento con el gobierno nacional le da un ancla ideológica y una plataforma de comunicación que no tiene el peronismo riojano.
Por su parte, Néstor Bosetti, de Provincias Unidas, tiene a Juan Schiaretti como su principal referente. El radicalismo, al igual que el peronismo riojano, también está “solo a nivel nacional”.
La falta de apoyo nacional convierte la elección en un plebiscito sobre el poder de Quintela. El gobernador, sin una figura de peso que lo respalde, se encuentra en un dilema. La contienda con Martín Menem no es solo un choque de modelos, sino una prueba de si el “quintelismo” puede sobrevivir en su propio territorio, sin la ayuda de una estructura nacional. El resultado de las elecciones legislativas será el termómetro que revelará si la soledad del gobernador es un signo de fortaleza o de debilidad.

































