En medio de las tensiones por la falta de fondos y la convocatoria de Milei que los gobernadores peronistas calificaron de «vacía», el mandatario de La Rioja aseguró que la gestión nacional “no tiene forma de salir adelante” y que se encuentra en su “etapa final”.
La tregua política en Argentina duró poco. La convocatoria al diálogo lanzada por Javier Milei en redes sociales, tras la derrota en las elecciones de Buenos Aires, tuvo el efecto contrario al esperado. Lejos de acercarse, los gobernadores peronistas endurecieron su postura y, uno a uno, expusieron la profunda desconfianza que tienen en la Casa Rosada. En este escenario de quiebre, el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, fue uno de los más duros y dejó una advertencia que resonó fuerte en todo el país.
La Rioja, el punto más alto del hartazgo
El «Gitano» no anduvo con rodeos. En una entrevista, Quintela sentenció que el gobierno de Milei “está en su etapa final” y que, aunque no es “golpista”, cree que el país “va a estallar”. Esta declaración refleja el hartazgo que se vive en La Rioja y en otras provincias, donde los mandatarios aseguran que el Gobierno nacional no cumplió con los acuerdos, les debe fondos y les dio la espalda en un momento de crisis económica.
La postura de Quintela es un claro reflejo del sentimiento que se palpa en el peronismo provincial. Cerca del gobernador riojano sostienen que la convocatoria presidencial es “una foto vacía” y que no tiene un plan concreto para resolver los problemas de las provincias. El resultado electoral en Buenos Aires, lejos de ser un llamado al diálogo para el Presidente, fue interpretado en La Rioja como una “paliza” que Milei no supo leer. La desconfianza es tal que Quintela ya avisó que no participará de la mesa de diálogo si es que se llega a concretar.
Un frente unido contra la Casa Rosada
Las declaraciones de Quintela se suman a las de otros líderes peronistas. Gustavo Sáenz (Salta), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Axel Kicillof (Buenos Aires) se mostraron reticentes a la convocatoria, exigiendo una agenda clara, el pago de deudas y la reactivación de obras. Para ellos, el Gobierno prometió diálogo pero en la práctica mantuvo una actitud de confrontación, vetando leyes y reteniendo fondos discrecionales.
El panorama político se complica para la gestión de Milei. La relación con los gobernadores, sin importar el color político, se encuentra en un punto crítico. La falta de respuestas a los reclamos y la percepción de que el Ejecutivo confunde un «diálogo federal» con una simple mesa política, profundiza la crisis y pone en duda si el Gobierno será capaz de tender los puentes necesarios para poder gobernar sin una mayoría propia en el Congreso.

































