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Operativo contención: la advertencia de Quintela a la cúpula K para desactivar la diáspora de los gobernadores

El mandatario riojano advirtió a las conducciones legislativas de Unión por la Patria sobre el riesgo de ruptura definitiva; el temor a un nuevo bloque federal impulsado por Sáenz y la pelea por no ceder el control en el Congreso


En la antesala de una semana decisiva para el mapa de poder en el Congreso, Ricardo Quintela encendió las alarmas en el seno del peronismo. Con un mensaje que oscila entre la súplica y la advertencia política, el gobernador de La Rioja instó a las jefaturas de los bloques de Unión por la Patria (UP) a mostrar «amplitud y generosidad» para contener a los mandatarios provinciales que, desencantados con la conducción nacional, amenazan con dar el portazo definitivo. «No podemos permitir que se vayan», sentenció Quintela, asumiendo un rol de articulador en un peronismo que cruje.

La preocupación del riojano tiene nombres y apellidos. En el radar de las posibles fugas aparecen los gobernadores de Catamarca, Raúl Jalil, y de Tucumán, Osvaldo Jaldo, ambos peronistas pero con juego propio y aceitados vínculos con la Casa Rosada. A ellos se suman Gustavo Sáenz (Salta) y Hugo Passalacqua (Misiones), líderes de fuerzas provinciales que, en otros tiempos, orbitaron cerca del sol justicialista y hoy exploran nuevas alianzas. «No podemos permitir que se vayan sin ser protagonistas en nuestro bloque», afirmó Quintela, marcando la cancha a José Mayans y Germán Martínez, titulares de las bancadas en el Senado y Diputados, respectivamente.

El fantasma de la «confederación provincial»

El reclamo de Quintela no es retórico; responde a una amenaza concreta. En los despachos del Congreso crece la versión de una inminente reunión en la Casa de Salta, organizada por Gustavo Sáenz, con el objetivo de gestar un «gran bloque federal». La ingeniería política de este armado —que tendría como base a Innovación Federal— aspira a reclutar a diputados neuquinos, catamarqueños, tucumanos y santiagueños. El número mágico que buscan es 20: una cifra suficiente para convertirse en árbitros de una Cámara polarizada y dejar al kirchnerismo sin la primera minoría.

«Se está armando una confederación de partidos provinciales», diagnosticó Quintela con preocupación en declaraciones radiales, advirtiendo sobre la dispersión del poder territorial. Para el riojano, la respuesta debe ser una «reconfiguración» interna que otorgue protagonismo real al interior.

Contra el AMBA-centrismo: «Otras voces, otra tonada»

En su raid mediático, Quintela no ocultó su fastidio con la dinámica porteño-céntrica que domina la estructura partidaria. «Se tienen que escuchar otro tipo de voces: voces más norteñas, más sureñas, más cuyanas, más litoraleñas… otra tonada», disparó en diálogo con Radio 10 y El Destape. Su crítica apuntó directamente a la «jungla que es Capital Federal», pidiendo sacar la discusión política de los límites del AMBA.

El gobernador reveló que ha mantenido conversaciones con sus pares para evitar la ruptura, proponiendo un peronismo «menos radicalizado» y más propenso al debate interno. Su diagnóstico sobre la gestión de Javier Milei fue lapidario, lo que refuerza su postura de abroquelarse en la oposición: «Este gobierno no hizo absolutamente nada a favor de las provincias, salvo dictar medidas crueles», aseguró.

El factor Cristina y la cuenta regresiva

La jugada de Quintela también tiene un ojo puesto en el Instituto Patria. El gobernador confirmó un encuentro reciente con Cristina Kirchner, a quien describió como la dirigente con «más claridad», aunque matizó el operativo clamor pidiendo una renovación generacional. Según relató, la exmandataria le pidió «trabajar por la unidad» y elogió el orden del PJ riojano. Sin embargo, la tensión entre el liderazgo de Cristina y la necesidad de autonomía de los gobernadores sigue siendo el nudo gordiano que el peronismo no logra desatar.

Mientras las negociaciones febriles continúan por lo bajo, los números en el Congreso siguen indescifrables. En el Senado, Gerardo Zamora parece decidido a jugar con un bloque propio, mientras que en Diputados la duda sobre los catamarqueños persiste. La jura de los nuevos legisladores la próxima semana será la hora de la verdad. Quintela ya dejó su aviso: sin generosidad, el peronismo corre el riesgo de transformarse en una fuerza testimonial, mirando desde afuera cómo las provincias pactan su supervivencia.

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