Apadrinada por «Lule» Menem y bendecida por la hermana del Presidente, la ex funcionaria llega a la AGN arrastrando un historial polémico que incluye el retiro de fondos previo al «corralito» de 2001. Su designación confirma la influencia del clan riojano en el armado del círculo rojo libertario.
Karina Milei volvió a mover fichas en el tablero del poder real, pero la mano que ejecutó la jugada tiene acento riojano. Mónica Almada, la flamante auditora general de la Nación designada por los próximos ocho años, no es solo una «tapada» que emergió de la madrugada legislativa; es el resultado de una construcción de confianza tejida pacientemente con el entorno más íntimo de la Casa Rosada, donde Eduardo «Lule» Menem opera como el guardián de las llaves del poder.
Mientras el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, ponía la cara y el cuerpo para ejecutar la maniobra parlamentaria que enfureció al macrismo, su primo «Lule» garantizaba desde las sombras el ascenso de Almada. Para la política de La Rioja, este movimiento tiene una lectura inequívoca: la estructura de los Menem ya no solo gestiona la legislatura, sino que coloca alfiles propios en los organismos de control que fiscalizarán al Gobierno —y a los futuros— hasta 2033.
Del «corralito» al corazón libertario
El currículum de Almada es un mapa de la supervivencia política argentina, con manchas que hubieran enterrado a cualquier otro candidato. Su antecedente más oscuro se remonta a diciembre de 2001, cuando se desempeñaba como directora del Banco Ciudad. Tres días antes de que se bajara la persiana del «corralito», Almada utilizó información privilegiada —facilitada por su cercanía con el entonces ministro Domingo Cavallo— para retirar un plazo fijo de 314.600 pesos/dólares fuera del horario bancario.
Aquel episodio, que le valió el pedido de renuncia por parte de Roberto Feletti y la obligó a decir públicamente que estaba «profundamente avergonzada», fue perdonado y olvidado por la nueva conducción libertaria. Su reconversión fue posible gracias a su habilidad para tejer relaciones con el poder de turno: fue funcionaria de De la Rúa, asesora del PRO, pareja de Enrique Pinedo (hermano de Federico) y, finalmente, discípula de Cavallo, según el diario La Nación.
Sin embargo, su desembarco en La Libertad Avanza (LLA) trascendió a su mentor económico. Aunque Javier Milei calificó a Cavallo de «econochanta» tras sus críticas cambiarias, Almada logró lo imposible: quedarse adentro. “Se hizo amiga del entorno de Karina”, explican en las filas libertarias para justificar su supervivencia. Y en ese entorno, la validación de «Lule» Menem fue el pasaporte definitivo.
«Mónica desalmada» y el filtro riojano
Su paso reciente por el Ministerio de Economía, bajo la órbita de Luis Caputo, dejó huella por su estilo áspero. En los pasillos del Palacio de Hacienda se ganó el apodo de “Mónica desalmada”. Quienes compartieron gestión con ella la describen con crudeza: “No emitía ni un buenos días ni un hasta luego”.
Ese perfil duro, distante y ejecutivo encajó a la perfección con la lógica que imponen Karina Milei y los Menem. Para el oficialismo, la AGN no es un lugar para dialoguistas, sino para leales. Almada deberá auditar temas de alta sensibilidad, como el envío de 37 toneladas de oro del Banco Central a Londres, una operación sobre la cual aún impera el hermetismo.
El sello Menem en la AGN
La designación de Almada cierra un círculo de poder para el oficialismo riojano en Buenos Aires. Martín Menem pagó el costo político de romper con el PRO en el recinto, pero logró el objetivo estratégico: bloquear el ingreso de Jorge Triaca y sentar en la AGN a una funcionaria que le debe su blindaje político a la Secretaría General de la Presidencia, controlada por Karina y asistida por «Lule».
En La Rioja, donde el apellido Menem es sinónimo de construcción de poder a largo plazo, la lectura es clara: el Gobierno nacional no improvisó. Eligió a una sobreviviente de la «casta», con un pasado controvertido pero con la lealtad necesaria para cuidar las espaldas del modelo libertario desde el principal organismo de control del Estado.

































