El gobernador desplazó al Jefe de Gabinete del control de la Secretaría General y le quitó el histórico despacho del ala norte. La llegada del ex diputado nacional marca un límite a las aspiraciones de sucesión del «cerebro» jurídico de las SAPEM y el Banco Rioja.
Ricardo Quintela decidió dar un golpe de autoridad sobre el tablero de la Casa de las Tejas. En una jugada que sacudió el núcleo duro del oficialismo, el gobernador oficializó el desembarco del ex diputado nacional Ricardo Herrera en la Secretaría General de la Gobernación, un área que hasta diciembre funcionaba como una extensión del poder de Juan Luna Corzo.
La noticia no es solo el nombramiento de Herrera, sino el mensaje directo hacia la Jefatura de Gabinete. Desde la salida de Armando Molina para asumir la intendencia de la Capital, Luna Corzo concentró bajo su órbita ambas carteras, consolidándose como el funcionario con mayor influencia real sobre la estructura del Estado. Sin embargo, Quintela optó por cortarle el «bastón de mariscal» al hombre que diseñó el andamiaje legal de las empresas estatales (SAPEM) y que mantiene una injerencia determinante en el Banco Rioja.
El desalojo del ala norte
El simbolismo en política suele ser más fuerte que los decretos. Según pudo saberse, el gobernador no solo dividió las funciones, sino que le quitó a Luna Corzo el despacho del ala norte en la Casa de Gobierno, un espacio estratégico por su cercanía física con el despacho del mandatario.
- El ascenso de Herrera: El dirigente chileciteño asume con el mandato de «reestructurar y optimizar» el funcionamiento del Estado, lo que en el lenguaje palaciego significa auditar y descentralizar el poder que Luna Corzo acumuló en los últimos años.
- El «cerebro» bajo la lupa: Luna Corzo es considerado el arquitecto del modelo de capital estatal riojano, manejando cajas sensibles y la ingeniería de los fideicomisos públicos. Pese a que desmiente públicamente sus ganas de suceder a Quintela en 2027, sus movimientos internos indicaban un armado propio que el «Gitano» decidió frenar en seco.
La interna por el 2027 y el «orden» familiar
Esta reconfiguración ocurre en un momento de asfixia económica. La Rioja administra 100 millones de dólares mensuales, pero destina gran parte de esa masa a sostener una estructura de 30.000 precarizados con sueldos de apenas 150 dólares. Mientras Luna Corzo defendía que «todo lo que se puede poner en salarios, se pone», el malestar en las bases estatales por los ingresos de miseria —los más bajos del país— empezó a horadar la imagen del Jefe de Gabinete.
Además, el gobernador enfrenta una interna doméstica feroz. Su círculo familiar y sus amigos históricos resisten cualquier cambio que implique abandonar los cargos jerárquicos. Quintela busca en Herrera un «fusible» o un mediador que pueda profesionalizar la gestión sin el desgaste político que arrastra Luna Corzo tras años de estar al frente de las decisiones más polémicas, como el manejo de los fondos extracoparticipables que hoy están bajo la lupa de la Corte Suprema.
Un peronismo sin conducción vertical
La movida deja en evidencia que el verticalismo que el peronismo riojano ostenta desde 1983 está en crisis. La falta de un sucesor natural y la fragmentación del gabinete muestran a un Quintela que lucha por mantener las riendas de su propia casa.
Para Luna Corzo, el desplazamiento del ala norte representa un retroceso en su carrera hacia la gobernación. Para Herrera, es la oportunidad de demostrar que puede manejar la «cocina» del poder en un año donde la provincia deberá sobrevivir sin el auxilio de Nación y con la presión constante de una oposición libertaria que no reconoce la deuda de 100.000 millones de pesos que el oficialismo reclama.

































