La Vicepresidente se mostró con el gobernador Ricardo Quintela y la cúpula del PJ riojano; gestos de distensión con el peronismo que agitan la interna oficialista y marcan distancia con el titular de la Cámara de Diputados.
La política, muchas veces, se escribe con gestos más que con decretos. La reciente visita de Victoria Villarruel a La Rioja no fue la excepción. En un territorio que los libertarios asocian casi exclusivamente al apellido Menem, la Vicepresidente de la Nación desplegó una agenda propia que, lejos de buscar la foto familiar con el «clan» oficialista, se centró en un acercamiento institucional —y sumamente simbólico— con los máximos referentes del peronismo local.
La imagen más potente del viaje fue, sin dudas, el encuentro con el gobernador Ricardo Quintela. En un contexto de máxima tensión entre la Casa Rosada y las provincias por el recorte de fondos y la disputa por la coparticipación, Villarruel eligió el camino de la diplomacia parlamentaria. La titular del Senado se mostró cómoda junto al «Gitano», uno de los mandatarios más críticos de la gestión de Javier Milei, en un movimiento que en los pasillos de Balcarce 50 se leyó como un desafío directo a la estrategia de confrontación total que pregona el Triángulo de Hierro.
El desplante silencioso a Martín Menem
Lo que para algunos fue una visita protocolar, para otros representó un claro «moje de oreja» a Martín Menem. El presidente de la Cámara de Diputados, referente del armado libertario en la provincia, quedó al margen de las postales principales. Villarruel no solo se reunió con Quintela, sino que extendió su agenda a todo el arco político que el menemismo combate en la provincia:
- Teresita Madera (Vicegobernadora)
- Armando Molina (Intendente de la Capital)
- Sergio Casas (Diputado nacional y exgobernador)
- Florencia López y Fernando Rejal (Senadores nacionales)
La elección de sus acompañantes no fue azarosa. Al mostrarse con los senadores López y Rejal, Villarruel refuerza su perfil de «mujer de Estado» y constructora de puentes en la Cámara Alta, donde cada voto es una batalla logística. Sin embargo, al hacerlo en la tierra natal de los Menem y con los archienemigos políticos de estos, la Vicepresidente marca una autonomía que incomoda en el entorno del Presidente.
Entre la fe, el turismo y el calor de la Chaya
Más allá de la rosca política, la agenda de Villarruel buscó conectar con la identidad riojana. La Vicepresidente visitó puntos turísticos emblemáticos y participó de las festividades de la Chaya, sumergiéndose en la celebración popular más importante de la provincia.
Su paso por las iglesias locales y los sitios históricos reforzó esa imagen de «protectora de los valores tradicionales» que ha cultivado desde el inicio de la gestión. No obstante, el trasfondo sigue siendo el mismo: una construcción de poder federal que no pide permiso a la estructura partidaria de La Libertad Avanza y que prefiere el diálogo con el «establishment» del Interior antes que el aislamiento porteño.
Villarruel en La Rioja cumplió dos objetivos: consolidar su propia liga de gobernabilidad y recordarle a Martín Menem que, en el Senado, las lealtades se construyen cara a cara, incluso con quienes el oficialismo denomina «la casta».

































