Con un discurso que apela al «sentimiento y la sensibilidad», el gobernador Ricardo Quintela define la campaña para las elecciones legislativas. No solo busca los votos para sus candidatos, sino que apuesta a posicionar a La Rioja como «protagonista» de un nuevo proyecto nacional.
El gobernador Ricardo Quintela se para frente a su militancia y, en lugar de hablar de gestión, apela a la esencia misma del peronismo. Con un mensaje que es, en sí mismo, un manual de campaña, el mandatario define lo que espera de sus candidatos, Gabriela Pedrali y Ricardo Herrera. Para Quintela, el peronismo es «sentimiento, de afecto, es sensibilidad, es ponerse en el lugar del otro». La misión, dice, es volver a «recuperar ese mensaje de fe y de esperanza».
La apuesta de Quintela es doble. Por un lado, busca que sus candidatos sean «multiplicadores de ese mensaje» para lograr los votos necesarios y que los «dos compañeros ingresen a ocupar esa banca». Pero el objetivo final va mucho más allá de una victoria electoral local. En un contexto de confrontación con el gobierno nacional, el gobernador busca que La Rioja “pueda ser protagonista en el nuevo armado del proyecto nacional que se está tratando incipientemente de armar”. Quintela lo enfatiza: «La Rioja va a ser protagonista, créanme, si nosotros tenemos resultados positivos en este proceso electoral».
Para lograrlo, el gobernador apela a la movilización de toda la dirigencia y la militancia. Con un claro mensaje, insta a su gente a asumir un rol de liderazgo: «cada uno de ustedes tiene una mochila y en esa mochila está el bastón de mariscal». Quintela incluso rompe la lógica de la «bulla» interna y reconoce el trabajo de otros dirigentes como Fernando (Rejal) y Florencia (López), de quienes dice que lo llenan de «orgullo» cuando los ve «debatiendo y discutiendo y defendiendo los intereses de la provincia».
El discurso de Quintela es un claro intento de reinventar el espíritu del peronismo riojano para una campaña que se presenta cuesta arriba. El gobernador apuesta a que un mensaje emotivo, sumado a la promesa de un protagonismo nacional, será suficiente para movilizar a una base que, en los sondeos de opinión, se muestra descontenta. La elección, para el oficialismo, es un plebiscito sobre su capacidad de mantener viva su visión política.









































