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La campaña del «señor del No»: el peronismo riojano sale a pedir el voto a pulmón

Con Juan Luna Corzo como vocero de la nueva realidad, el peronismo oficializa que no hay fondos del Estado para la campaña electoral. El jefe de Gabinete recorre la provincia con Gabriela Pedrali para transmitir un mensaje duro: la prioridad es el pago de sueldos, no las elecciones.

La política en La Rioja, bajo la presión del ajuste nacional, vive una realidad inédita para el peronismo. La histórica maquinaria de las campañas, que en años anteriores se movía al compás de los fondos del Estado, hoy se encuentra sin caja. El encargado de transmitir esta dura noticia a la dirigencia del interior es el jefe de Gabinete, Juan Luna Corzo, conocido en los pasillos de la Casa de Gobierno como «el señor del No».

En una gira que lo lleva por la provincia junto a los candidatos Gabriela Pedrali y Ricardo Herrera, Luna Corzo tiene una misión cruda: “oficializar que no hay fondos como en otros años para la campaña electoral”. Su mensaje, dirigido a intendentes, diputados y aliados, es un golpe directo a una tradición que dependió por años del respaldo financiero del gobierno. La prioridad, aclara, es el pago de los sueldos estatales que en septiembre tendrán un pequeño aumento, una decisión que, en un contexto de crisis, se presenta como la máxima de las gestiones posibles.

Esta nueva dinámica es un reflejo de la política sin caja que vive el gobierno provincial. Dependiente casi por completo de la coparticipación federal, el peronismo de Ricardo Quintela se ve obligado a cambiar de estrategia. La campaña no se hará con la distribución de recursos, la organización de grandes actos o el apoyo financiero a las estructuras locales, sino a «pulmón», con la dirigencia recorriendo el territorio para pedir el voto cara a cara.

La apuesta es arriesgada. Al negarle a los intendentes y dirigentes los fondos habituales para la campaña, el quintelismo pone a prueba las lealtades y la militancia. La “política a pulmón” puede ser la única salida en tiempos de crisis, pero también un arma de doble filo que podría generar descontento y desaliento en la dirigencia del interior. Por ahora, el peronismo riojano se ve forzado a jugar con las reglas de un nuevo tablero, donde el “señor del No” es la cara visible de una campaña muy distinta a las de años anteriores.

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