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YMAD, la mina de oro detrás del pacto de Jalil con Milei: el pragmatismo vecinal que aísla aún más a La Rioja

Catamarca negocia el control total de la empresa estatal a cambio de sus votos en el Congreso; mientras Ricardo Quintela sostiene la confrontación ideológica por recursos coparticipables, su par catamarqueño elige asegurar una caja millonaria y deja en soledad a la «resistencia» del peronismo del NOA.


En el ajedrez del Norte Grande, dos estrategias opuestas terminan de definir el mapa político de 2026. Mientras La Rioja, bajo el mando de Ricardo Quintela, se atrinchera en una guerra de guerrillas discursiva y judicial contra la Casa Rosada reclamando fondos federales, en la vecina Catamarca, el gobernador Raúl Jalil parece haber encontrado un atajo más rentable: el intercambio de votos por oro. El objeto del deseo que motiva el posible quiebre del bloque peronista tiene nombre propio: Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD).

Para la dirigencia riojana, observar la maniobra de Jalil es un ejercicio de realismo político brutal. La negociación que el catamarqueño mantiene con Javier Milei no es por «gobernabilidad» en abstracto, sino por el control de una caja concreta, histórica y millonaria que La Rioja mira con la envidia de quien carece de un activo similar en producción o, al menos, de la flexibilidad ideológica para negociarlo.

El botín: ¿Qué es YMAD y por qué vale una ruptura?

La historia que La Rioja observa desde la frontera es la de una «joya de la abuela» que sobrevivió a los 90. YMAD es una empresa interestatal (Catamarca, la Universidad Nacional de Tucumán y la Nación) que explota oro y plata en Farallón Negro y posee los derechos de la gigantesca Bajo de la Alumbrera. Es una firma que genera dividendos extraordinarios.

El objetivo de Jalil es quirúrgico: desplazar a la Nación de la conducción. El directorio tiene dos vocales de Catamarca y dos de la UNT. El quinto, el presidente, lo pone el Presidente de la Nación. Hasta abril, ese lugar lo ocupaba Fernando Jalil, hermano del gobernador. Milei lo reemplazó por Juan Pablo Limodio. Ahora, la moneda de cambio para que los diputados catamarqueños rompan con el kirchnerismo y den quórum a los libertarios es devolverle esa silla a Catamarca.

Si Jalil logra su cometido, tendrá el control absoluto (3 de 5 votos) de una empresa que factura millones de dólares. Mientras tanto, La Rioja sigue esperando el goteo de los ATN y la discusión por el punto de coparticipación perdido en los 80. El contraste es lapidario: Catamarca negocia activos productivos; La Rioja, asistencialismo federal.

El impacto político en La Rioja: la soledad del «Gitano»

La operación YMAD tiene un costo político inmediato para Ricardo Quintela. Si Jalil concreta el pacto y sus legisladores abandonan la disciplina del bloque de Unión por la Patria, el gobernador riojano perderá a su principal socio territorial. Catamarca y La Rioja han funcionado históricamente en tándem en el Congreso; una ruptura dejaría a los legisladores riojanos aislados en la postura de «oposición dura», sin la masa crítica necesaria para negociar con fuerza.

Además, el «modelo Jalil» —pragmático, silencioso y enfocado en los negocios mineros— empieza a contrastar con el «modelo Quintela» ante los ojos del círculo rojo del norte. Mientras en Catamarca se habla de dividendos, inversiones de Glencore y mineraloductos, en La Rioja la agenda sigue dominada por la emergencia, los bonos locales y la disputa por los sueldos estatales.

Sombras de corrupción y el espejo del futuro

No todo es brillo en la negociación. La historia de YMAD arrastra sombras pesadas, como la condena al exrector de la UNT, Juan Alberto Cerisola, por malversación de las regalías mineras, un recordatorio de los peligros del manejo discrecional de fondos millonarios. Sin embargo, para la Casa Rosada, la prioridad es la aritmética legislativa, no la transparencia histórica.

Para La Rioja, el desenlace de esta historia será una lección determinante. Si Jalil consigue la presidencia de YMAD y los recursos fluyen hacia San Fernando del Valle a cambio de levantar la mano en el Congreso, la estrategia de confrontación total de Quintela quedará expuesta como un camino de principios, pero de escasa rentabilidad para las arcas provinciales. En el norte, el oro parece pesar más que la lealtad partidaria.

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