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La Rioja: el desafío de Ricardo Quintela ante la ‘maldición’ de los gobernadores, que hasta Menem sufrió la traición del peronismo

La historia política de la provincia es un ciclo de poder y traición. Desde Bernabé Arnaudo hasta Sergio Casas, todos los gobernadores, incluso Carlos Saúl Menem en su intento de ser reelecto por cuarta vez, sufrieron golpes de sus propios aliados. Hoy, Ricardo Quintela se enfrenta al mismo dilema: gobernar con su círculo íntimo o abrirse al partido para mantener la hegemonía.



En un ciclo político que parece condenado a repetirse, la historia de los gobernadores de La Rioja es un relato de poder y traición. Si bien la única excepción a esta regla fue Carlos Saúl Menem, que llegó a ser presidente con tres mandatos en la gobernación, su hegemonía no fue total. En su intento de ser reelecto por cuarta vez, Menem también sufrió la traición de su propio peronismo, que lo dejó sin el poder provincial. El resto de los mandatarios, sin embargo, padecieron la traición de sus propios aliados, en una dinámica que hoy se repite con el actual gobernador Ricardo Quintela.

El ciclo de traiciones se inició con Bernabé Arnaudo, que fue traicionado por su propio peronismo. Su gobierno se vio asediado por las protestas, y hasta Miguel Ángel Asís, como titular de la ATP, le «quemó la puerta de la casa de gobierno». El patrón se repitió con Ángel Maza, que fue destituido por la Cámara de Diputados por un terreno, en una jugada orquestada por su ex socio, Luis Beder Herrera. Pero la traición, en la política riojana, es una moneda que se paga. Beder Herrera recibió un duro golpe cuando, como candidato a diputado nacional, perdió con el «desaparecido radical Héctor Olivares». El último capítulo de esta historia lo escribió Sergio Casas, que trató de consolidar su poder al echar al bederismo de su estructura, pero su gestión fue «aloe vera», es decir, inadvertida para la historia.

Hoy, Ricardo Quintela se encuentra en la misma disyuntiva que sus predecesores. El gobernador, que se rodeó de familiares y amigos para consolidar el poder, se enfrenta a un peronismo que, con la conciencia de su propia historia, le envía un mensaje: el de incluir a «todos adentro» para mantener la hegemonía. La lucha interna por la sucesión y la oposición a la reelección de Gabriela Pedrali, su exesposa, son una muestra de que el partido no está dispuesto a aceptar la concentración de poder en un círculo reducido.

El desafío de Quintela es el de romper con este ciclo de traiciones que se repite. La historia del peronismo riojano es un recordatorio de que en la política, la traición es una herramienta que se usa para obtener poder. El futuro del partido, y su hegemonía de más de 40 años, se definirá en la capacidad del gobernador de encontrar un camino que lo lleve a la victoria, sin tener que pagar el costo de una traición.

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