El oficialismo riojano se enfrenta a un dilema: trabajar para la victoria de Gabriela Pedrali, sabiendo que un triunfo la dejará posicionada como candidata a gobernadora. Su éxito desatará una disputa interna que la enfrentará a figuras como Teresita Madera, Fernando Rejal, Florencia López y hasta el intendente Armando Molina.
La política en La Rioja, lejos de ser un camino lineal, a menudo se presenta como un laberinto. Y en las próximas elecciones legislativas, el peronismo se encuentra en lo que muchos en los pasillos del poder definen como una «encerrona». Todos los sectores del oficialismo, desde la militancia de base hasta los dirigentes más encumbrados, deben trabajar para asegurar que Gabriela Pedrali salga airosa en las urnas. La encrucijada, sin embargo, reside en lo que sucederá después.
La paradoja es clara: si Pedrali logra la victoria, quedará automáticamente posicionada como una de las principales candidatas para competir por la gobernación en 2027. Un triunfo en el Congreso le dará el capital político y la visibilidad necesaria para sentarse a la mesa de discusión y pelear por el cargo más importante de la provincia. Esta situación, lejos de ser un logro colectivo, se convierte en un problema para los otros dirigentes peronistas que también tienen aspiraciones.
El éxito de Pedrali desatará una interna feroz que la enfrentará directamente a otros pesos pesados del oficialismo. La lista de competidores es larga y de nombres conocidos: Teresita Madera, una figura con peso propio en el peronismo; Fernando Rejal, el actual senador que suena como un potencial sucesor; Florencia López, la senadora nacional que ya soñó con la gobernación; y hasta el intendente de la Capital, Armando Molina, quien también tiene aspiraciones a futuro.
La «encerrona» del peronismo es que, al trabajar por la victoria de Pedrali, los otros candidatos están, en cierta medida, fortaleciendo a su futura rival. La elección legislativa de este año no es el final de una contienda, sino el preludio de una batalla interna mucho más grande y compleja. El peronismo riojano se ve forzado a celebrar un triunfo que, de concretarse, activará una bomba de tiempo que podría dejarle un saldo de heridos y fracturas de cara a la elección de 2027.












































