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Quintela le tendió la mano a la UCR para armar un frente amplio contra Milei: «A la Argentina la salvamos entre todos»

El gobernador de La Rioja propuso una gran coalición opositora con el radicalismo, los movimientos sociales y las centrales obreras bajo la bandera de un Estado presente. Descartó ambiciones personales, se definió como «colaborador» del PJ nacional y ratificó su respaldo a Kicillof como articulador del justicialismo.

Ricardo Quintela lanzó esta semana una propuesta que sacude el tablero opositor y que apunta directamente al corazón de la Unión Cívica Radical: el gobernador de La Rioja convocó al radicalismo a sumarse a una gran coalición que enfrente al modelo de Javier Milei con un proyecto de país alternativo, centrado en un Estado presente y construido desde las provincias del interior. La iniciativa llega en un momento en que la UCR atraviesa una de sus crisis de identidad más profundas y busca con urgencia definir si su futuro está en acompañar el ajuste libertario o en encabezar la resistencia al mismo.

«A la Argentina la salvamos entre todos», fue la frase con la que el mandatario riojano resumió su convocatoria, en declaraciones que rápidamente trascendieron las fronteras provinciales y se instalaron en el debate político nacional. Para Quintela, el peronismo solo no alcanza. Necesita socios. Y el principal socio al que apunta es el radicalismo.

La UCR en el centro de la propuesta

La mención específica a la Unión Cívica Radical no fue casual ni retórica. Quintela fue explícito al enumerar los componentes del frente amplio que propone construir: sectores del radicalismo, otros movimientos políticos y sociales, y las centrales obreras, todos articulados en torno a una propuesta que sea, en sus propias palabras, la «antítesis» del modelo que conduce el gobierno nacional.

La lógica del gobernador riojano es electoralmente pragmática pero conceptualmente coherente: una oposición que solo aglutine al peronismo tiene un techo conocido y carga con el peso de una imagen de retorno al pasado que el electorado moderado rechaza. Incorporar al radicalismo —o al menos a su ala más crítica de Milei— permitiría ampliar la base de sustentación de esa coalición, sumar credibilidad ante sectores medios urbanos que desconfían del kirchnerismo y presentarse como una alternativa genuinamente nueva.

El desafío, sin embargo, es mayúsculo. El radicalismo que podría sumarse a esa construcción es el mismo que está internamente partido: hay figuras que acompañaron el DNU presidencial y gobernadores que resisten el ajuste en sus provincias. La UCR que Quintela convoca no es un bloque uniforme sino un espacio en plena disputa interna sobre su propia identidad. Articular esa diversidad requiere una habilidad política que el gobernador riojano dice estar dispuesto a ejercer.

«Colaborador», no conductor: la modestia estratégica de Quintela

Al definir su propio rol en el armado nacional del PJ, Quintela eligió un perfil que combina autocrítica y astucia política. Descartó de plano cualquier lectura que lo ubique como aspirante al liderazgo central del partido y se posicionó con deliberada precisión como facilitador de consensos.

«Mi rol es de colaborador, de tratar de acercar a las partes que hoy no se pueden poner de acuerdo», afirmó el mandatario, en una frase que es simultáneamente un diagnóstico sobre el estado del peronismo —fragmentado, sin síntesis posible todavía— y una propuesta de método: el diálogo como único camino hacia la unidad que el espacio necesita para competir en 2027.

En el código político argentino, ese perfil tiene un valor específico que la palabra «colaborador» no debe hacer subestimar. En un espacio donde las figuras de mayor visibilidad arrastran lealtades pero también resistencias acumuladas, el dirigente que suma sin restar y facilita sin imponer puede terminar siendo el más decisivo. Quintela lo sabe, y por eso insiste en ese registro con una consistencia que no parece casual.

Kicillof como núcleo del proyecto, no como fórmula cerrada

Consultado sobre su respaldo al gobernador bonaerense Axel Kicillof —a quien reivindicó como máximo exponente del justicialismo en la coyuntura actual—, Quintela fue cuidadoso en los matices que el momento político exige. Aclaró que su acompañamiento no responde a la adhesión a una fórmula electoral concreta ni a ambición personal alguna, sino a la convicción de que Kicillof encarna hoy la posibilidad de que el peronismo opere como núcleo aglutinador de un proyecto nacional con capacidad real de devolver la esperanza a la ciudadanía.

La distinción importa y Quintela la trazó con precisión: respaldar a una figura como articulador de un proyecto colectivo es diferente a adherir a una candidatura con nombre y apellido. El gobernador riojano elige quedarse en el primer registro, dejando abierto el proceso de construcción antes de que las urgencias electorales lo clausuren prematuramente. Una señal de que, por ahora, el foco está en construir el proyecto antes que en cerrar la fórmula.

«Estado presente» contra «destrucción»: el eje conceptual de la propuesta

El arco ideológico de la intervención de Quintela es tan simple como políticamente eficaz. Frente a lo que el gobernador describe sin eufemismos como la «destrucción» sistemática de la Argentina que lleva adelante el gobierno de Milei —retracción del gasto, cierre de industrias, deterioro de servicios públicos—, la coalición opositora que propone debe levantar como bandera central la figura de un Estado presente que resuelva los problemas concretos de la sociedad: el empleo, la educación, la salud y el desarrollo productivo de las regiones.

No es solo retórica opositora. Es la definición de un eje de debate que Quintela quiere instalar como columna vertebral de la disputa política de cara a 2027. Para el riojano, la clave reside en ofrecer una propuesta donde la ciudadanía se sienta identificada y contenida, marcando una «diferencia profunda» con la gestión libertaria. Una diferencia que, subraya, no puede construirse desde el peronismo solo sino desde una coalición más amplia que incluya a todos los que comparten el diagnóstico sobre el rumbo del país.

La convocatoria a la UCR es, en ese marco, el movimiento más audaz de Quintela. Si el radicalismo responde —o al menos su sector más crítico del oficialismo—, la arquitectura de una oposición competitiva para 2027 empieza a tener una forma concreta. Si no responde, el frente amplio que el gobernador riojano imagina seguirá siendo, por ahora, una declaración de intenciones desde el interior profundo. El tiempo, y la política, dirán cuál de los dos escenarios se impone.

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