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La obra social del Estado riojano sangra $3.091 millones por mes: el informe que revela que APOS gasta $23.910 más de lo que recibe por cada uno de sus 129.302 afiliados

Un documento interno de la Administración Provincial de Obra Social expone con números propios una crisis que ya no admite eufemismos: el sistema gasta mensualmente $13.465 millones y recauda apenas $10.373 millones, con un déficit per cápita que crece cada mes y una dependencia del Tesoro Provincial que el propio organismo califica como «señal de alerta». Sin reforma estructural, advierten desde adentro, el colapso es inevitable.

El número que lo dice todo

Hay una cifra en el informe de situación económico-financiera de la Administración Provincial de Obra Social de La Rioja que condensa, con la brutalidad de la aritmética, la magnitud de la crisis: cada uno de los 129.302 afiliados que sostiene el sistema le genera al organismo una pérdida neta de $23.910 por mes. No es una estimación externa ni una proyección opositora. Es el dato que surge de restar los ingresos per cápita —$80.228,18— al gasto per cápita promedio de los últimos cinco meses —$104.138,22—. La diferencia la paga alguien. Y ese alguien, hoy, es el Tesoro Provincial.

El déficit mensual consolidado, computando todas las fuentes de financiamiento, asciende a $3.091.615.839,27. Mensualmente. Todos los meses. Y la brecha, según el propio documento, «se agranda todos los meses».

El tamaño del sistema y lo que cuesta sostenerlo

APOS es la obra social del Estado provincial riojano. Con 129.302 afiliados, es el mayor sistema de cobertura sanitaria de la provincia y uno de los pilares institucionales sobre los que descansa la salud de los empleados públicos y sus grupos familiares. Su masa de recursos para 2025 asciende a $124.483.965.885,52, distribuidos en cinco fuentes:

Los aportes personales de los afiliados representan el 29,1% del total, con $26.469.827.869,38. Las contribuciones patronales —lo que aporta el Estado como empleador— constituyen la porción más grande, con el 37% y $45.977.590.792. Los aportes provenientes de ANSES suman $12.772.622.769, equivalentes al 10,3%. Los coseguros apenas alcanzan $341.492.547, es decir, el 2,8%. Y el aporte del Tesoro Provincial —la transferencia directa desde las arcas del gobierno de Quintela— llega a $36.201.076.791, representando el 20,8% del total.

En términos mensuales, APOS recibe en promedio $10.373.000.000. Gasta, en promedio, $13.465.000.000. La diferencia —más de tres mil millones de pesos cada treinta días— es la fotografía más precisa del agujero financiero del sistema.

La dependencia del Tesoro: una señal de alerta que el propio organismo reconoce

El capítulo más incómodo del informe es el que analiza la dependencia estructural de APOS respecto del Tesoro Provincial. El documento no lo edulcora: lo llama, con todas las letras, «señal de alerta».

Los números lo justifican. De los $124.483 millones de recursos totales, $88.282 millones son recursos propios —aportes personales, patronales, ANSES y coseguros— mientras que $36.201 millones provienen directamente del Tesoro. Eso significa que el 29,1% del financiamiento de APOS depende de una decisión política presupuestaria del Ejecutivo Provincial, y no de la lógica contributiva del sistema de obra social.

La sentencia del informe es tajante: «Sin el aporte del Tesoro, el sistema no se sostiene.»

Esta afirmación tiene una implicancia política de primer orden. Si el gobierno de Quintela enfrenta restricciones de caja —como ocurre recurrentemente en una provincia que autofinancia apenas una fracción menor de sus ingresos totales y depende en grado extremo de la coparticipación federal—, la transferencia al Tesoro de APOS es uno de los primeros puntos de presión. En otras palabras: la salud de 129.302 riojanos está atada, en casi un tercio de su financiamiento, a la salud fiscal de la provincia. Y la provincia, en este contexto de ajuste nacional y litigio por coparticipación, no goza de precisamente buena salud fiscal.

El problema estructural: dos fuerzas que empujan en sentido contrario

El informe identifica con claridad las dos causas de fondo del déficit, y las llama por su nombre: no es un problema de gestión, es estructural.

La primera causa es la desactualización de los aportes. Los porcentajes que descuentan los afiliados y que aportan las patronales no se ajustan al ritmo de la inflación. Cada mes que pasa sin una actualización real de las alícuotas, los recursos propios del sistema pierden valor adquisitivo. Lo que hoy parece un ingreso razonable en términos nominales, mañana financia menos prestaciones en términos reales.

La segunda causa es el gasto creciente. La demanda de prestaciones sanitarias —cirugías, estudios de alta complejidad, medicamentos de alto costo, internaciones, tratamientos crónicos— crece a un ritmo que supera sistemáticamente el crecimiento de los ingresos. Los costos de salud en Argentina tienen una inflación propia, impulsada por la actualización de aranceles médicos, el precio de los insumos dolarizados y la incorporación de nuevas tecnologías al vademécum de cobertura obligatoria.

Ambas fuerzas operan simultáneamente y en sentido contrario: los ingresos se erosionan en términos reales mientras los gastos escalan en términos nominales. El resultado es una brecha que, sin intervención, se agranda todos los meses, como admite el propio documento.

El déficit total por afiliado: la deuda que acumula el sistema

Más allá del déficit mensual, el informe revela otro dato que merece atención: el déficit total acumulado por afiliado asciende a $78.626,92. Es decir, el sistema no solo pierde dinero mes a mes, sino que arrastra una deuda per cápita que representa casi el equivalente a un ingreso per cápita mensual completo. Un pasivo invisible que en algún momento deberá ser absorbido —ya sea mediante aportes extraordinarios del Tesoro, mediante recorte de prestaciones, o mediante una reforma del modelo de financiamiento.

Esa deuda no se ve en las farmacias. No se ve en los quirófanos. Pero se siente cuando los prestadores demoran en atender porque esperan los pagos del organismo, cuando los medicamentos de alta complejidad tardan en autorizarse, cuando los turnos se estiran más de lo razonable.

Las consecuencias: lo que el informe advierte con alarma

El documento que elaboró APOS no se limita a describir. También advierte. Y lo hace con una claridad que es, en sí misma, un llamado político urgente.

Riesgo prestacional: el déficit hace cada vez más difícil garantizar las prestaciones que los afiliados necesitan. Se ponen en riesgo, dice el informe, «la calidad, la cobertura y la oportunidad de atención». Traducido al lenguaje de la realidad cotidiana: más espera, menos cobertura, mayor gasto de bolsillo para quienes en teoría tienen obra social.

Déficit creciente: sin reforma del modelo, la brecha entre ingresos y gastos seguirá agrandándose. No es una proyección catastrofista: es la consecuencia lógica de dejar operar dos fuerzas estructurales —erosión de ingresos y crecimiento del gasto— sin intervención correctiva.

La conclusión del propio informe no deja margen para la ambigüedad: «El sistema actual no es sostenible. No es un problema de gestión, es un problema estructural. Se requieren decisiones y reformas para garantizar el derecho a la salud de los afiliados y la sustentabilidad de APOS. No actuar hoy es agrandar el problema mañana.»

El contexto político que amplifica la crisis

La crisis financiera de APOS no ocurre en el vacío. Ocurre en un momento de tensión máxima entre el gobierno provincial de Ricardo Quintela y la administración nacional de Javier Milei, con la disputa por coparticipación federal como telón de fondo. Ocurre después del desguace del programa Remediar, que proveía medicamentos esenciales gratuitos al primer nivel de atención provincial. Ocurre en simultáneo con la crisis de cobertura de PAMI en el interior riojano. Y ocurre en una provincia donde el Estado es el principal empleador y APOS es, por ende, el principal sistema de cobertura sanitaria.

En ese cuadro, el déficit de APOS no es solo un problema contable. Es un problema político de primer orden que tiene nombre y apellido en cada uno de los 129.302 afiliados que dependen del sistema para acceder a la salud.

Lo que el informe no dice: las preguntas que siguen abiertas

Hay datos que el documento de APOS presenta, pero que abren interrogantes que el organismo no responde. ¿Cuál es el plan concreto de reforma estructural? ¿Está evaluando el gobierno provincial una actualización de alícuotas de aportes y contribuciones? ¿Existe alguna negociación con el nivel nacional para recuperar los fondos del programa Remediar? ¿Qué rol jugará —o debería jugar— FARMAPOS, la empresa farmacéutica estatal creada en 2020 precisamente para reducir los costos de medicamentos del sistema, en la ecuación de saneamiento?

El informe diagnostica con precisión. Lo que falta es el tratamiento. Y ese tratamiento, en una provincia con las restricciones fiscales de La Rioja, requerirá algo más que voluntad política: requerirá recursos genuinos, reformas estructurales y, probablemente, una negociación con el gobierno nacional que hoy, en el marco de la disputa política entre Quintela y Milei, parece más difícil que nunca.

Conclusión: la salud de La Rioja, en terapia intensiva fiscal

Los números de APOS cuentan una historia que va más allá de los balances. Cuentan la historia de un sistema de salud que crece en demanda pero no en recursos, que depende de transferencias políticas para mantenerse en pie y que, sin una reforma de fondo, está condenado a recortar lo que ningún sistema de salud debería recortar: prestaciones, cobertura y calidad de atención para los más vulnerables.

La Rioja tiene 129.302 personas que confían en que su obra social estará ahí cuando la necesiten. El informe que acaba de circular dentro del organismo dice, en términos técnicos pero con toda la crudeza de los números, que esa confianza está en riesgo.

El déficit no es un dato administrativo. Es una emergencia sanitaria que espera una respuesta política a la altura de su gravedad.

Fuente: Documento interno «Situación Económico-Financiera de APOS», Administración Provincial de Obra Social de La Rioja, 2025.

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